OpiniónDomingo, 10 de octubre de 2021
El Perú debe afirmar su libertad
José Antonio Torres Iriarte
Analista Político

La comunidad internacional en general y los organismos internacionales vienen demostrado sus limitaciones en la solución de los conflictos internos o crisis de diferente signo que afectan la vida de ciudadanos en diferentes partes del mundo.

Las Naciones Unidas carece de liderazgo y sus acciones de control y sancionadoras en materia de Derechos Humanos ponen en evidencia que los Estados y gobiernos no acatan, ni se sienten obligados a implementar sus recomendaciones muchas veces.

Desde inicios del año pasado, la crisis sanitaria global derivada del Covid-19 ha revelado como incluso los países miembros de la Unión Europea, han actuado sólo en el plano nacional, ante la ausencia de planes de contingencia regional.

Los hechos recientes demuestran como ante la grave crisis humanitaria en Venezuela; ni el Grupo de Lima, ni la Organización de Estados Americanos, ni la Unión Europea en particular tuvieron capacidad resolutiva, para poner fin al sufrimiento de millones de ciudadanos venezolanos que abandonan su país en busca de libertad y oportunidades laborales.

En el 2019, la Organización de Estados Americanos, al no contar con el respaldo de gobiernos como el de López Obrador (México) y el de Uruguay (Tabaré Vásquez-Frente Amplio); no tuvo los votos necesarios para avanzar políticamente en el seno del Consejo Permanente de la OEA.

Hoy en Nicaragua, el gobierno de Daniel Ortega encarcela a sus opositores; Nicolás Maduro se siente seguro al contar con el apoyo de los gobiernos de la República Popular China, Rusia e Irán y afianza sus lazos con la dictadura cubana. Los gobiernos de Cuba y Venezuela sólo se mantienen en el poder por la represión y por el trabajo de control ciudadano que ejercen los "servicios de inteligencia" y apoyados en el control férreo que ejercen sobre las Fuerzas Armadas.

La democracia requiere que la ciudadanía se movilice en defensa de la libertad, frente a proyectos políticos que más allá de matices, tienen los mismos objetivos. El cambio de gabinete ministerial ocurrido hace pocos días, no significa un cambio de rumbo; representa tan solo un giro hacía el cumplimiento de objetivos de largo plazo.

Es el momento de confrontar política e ideológicamente con un neomarxismo latinoamericano; que no ha logrado comprender que es imposible reducir la pobreza, sin sentar las bases del crecimiento económico.

El Congreso de la República debe concentrarse en impulsar acciones de fiscalización y control político, teniendo claro que, con la renuncia de Guido Bellido, el gobierno está ganando tiempo en busca de la toma del poder.

Ni la comunidad internacional, ni los organismos internacionales serán capaces de preservar la democracia en nuestro país, frente a los embates de un proyecto político autoritario.