OpiniónLunes, 11 de octubre de 2021
Las buenas y malas noticias
Bruno Schaaf
Analista político

Esta semana hubo algunas buenas noticias para el sol peruano. Primero, este jueves Velarde fue ratificado en el Banco Central de Reserva (BCR). A corto plazo parece que nos hemos salvado de quienes creen que imprimir no genera inflación –los llamados neochartalistas–, pero a largo plazo nuestra suerte puede ser distinta. Dos de los tres directores nombrados por Castillo coquetean con políticas monetarias heterodoxas. Uno de ellos, Germán Alarco, incluso fue integrante del equipo económico de Verónika Mendoza, es decir, heterodoxo al extremo. Por ello, es clave que el Congreso nombre como mínimo a dos directores sensatos para formar una mayoría que dé estabilidad a la moneda. No hacerlo obligaría, tarde o temprano, a Velarde a renunciar y posibilitaría la llegada de Dancourt al BCR.

Continuando con el BCR, el viernes el directorio decidió aumentar la tasa de interés a 1.50%. Sin dejar la política monetaria expansiva, es importante que el BCR reduzca levemente los estímulos monetarios (“tapering”) para proteger a la moneda contra la reacción de los mercados cuando los grandes bancos central empiecen a hacer lo mismo a finales de este año. Recordemos que cuando, en 2013, el entonces presidente de la FED, Ben Bernanke, anunció el comienzo del “tapering” las reacciones en los mercados emergentes –incluido el Perú– fueron fuga de capitales y evaluaciones del tipo de cambio. Si no elevamos la tasa de interés ahora, no tendremos herramientas para reaccionar después.

A esas dos noticias positivas para el sol peruano, se le suma una falsa buena noticia: los cambios en el gabinete. En principio, la salida de los comunistas más improvisados que pudimos encontrar y la llegada de otros un poco más preparados no debería emocionar a nadie, pero en el Perú emociona hasta a la clase empresarial. “Es un cambio positivo”, “es bueno que haya más mujeres” y “el foco debe estar en la salud y la educación” son comentarios textuales de líderes gremiales. Para variar, nuestra clase empresarial es totalmente apática a la defensa de la libertad política y económica, tal vez porque les resulta más fácil convencer a un ministro que al mercado. En fin, con los cambios en el gabinete Castillo se ganó al espectro de los ilusos. ¿Siguen pensando que Castillo se va en diciembre? ¡Ja!