OpiniónMartes, 12 de octubre de 2021
La cereza en el pastel

Hace más de un mes, antes de la investidura del “gabinete Bellido”, se decía que el Congreso debía darle la confianza, por un tema “estratégico” (conservar sus “balas de plata”). Incluso, se especulaba con que Perú Libre (PL) podría hacer una cuestión de confianza (CdC) adicional sobre la asamblea constituyente. Por mi parte, sostuve que el ejecutivo no quería chocar con el Congreso, sino que irían a conciliar. Efectivamente, lo hizo. Por su parte, el Congreso no solo le dio la confianza a Bellido, sino que reguló la CdC, a fin de hacer más difícil su utilización por parte del ejecutivo. Mientras que el gobierno siguió con perfección su juego, el Congreso hizo exactamente lo contrario.

Para entender lo que hace PL, hay que partir de la premisa de es racional, le interesa tomar el poder total y que puede hacerlo sin cerrar el Congreso o cambiar la C93. Así, a PL le conviene conservar status quo, mientras avanza (sin prisa, pero sin pausa) en conquistar el poder total.

PL no tiene ningún apuro por cerrar el Congreso, como ha quedado demostrado con su cambio de gabinete (Mirtha Vásquez), a pesar de los anuncios de CdC sobre Maraví. Nuevamente, era predecible que el ejecutivo no haría CdC sobre Maraví, a pesar de los anuncios en este sentido. PL puede seguir copando el Estado con el Congreso ahí. Por la misma razón, PL no tiene ningún apuro por convocar a una asamblea constituyente. Su objetivo de largo plazo puede ser conseguido sin modificar ni un solo artículo de la C93 (ni siquiera la reelección, pues ellos se “sucederán” en el poder).

La oposición no solo no entiende la estrategia u objetivos de PL, sino que –lo que es más trágico- no entiende su propia estrategia. A la oposición le conviene alterar status quo (“mover el avispero”), pero hacen esfuerzos denodados en mantenerlo. Regular la CdC e impedir el referéndum no son otra cosa que mantener status quo. Su enfoque en interpelar ministros sigue esta misma línea: es una ofensiva leve y aparente a PL, pero que los mantiene en un “juego democrático” que es percibido como infantil (por lo inocente e inocuo) por PL.

La oposición al referéndum, además de distraernos de la vacancia, le da una falsa seguridad al Congreso y al país, que puede ser usada por PL. PL puede renunciar a ministros y a asamblea constituyente sin despeinarse, logrando poner en off-side a la oposición, del mismo modo que ha hecho con la renuncia a Bellido, que ya es celebrada por caviares.

La asamblea constituyente, aún si es un objetivo real para PL, es de largo plazo. En contraste, en pocas semanas o meses, pasaremos el punto de no retorno donde PL tenga control suficiente del país para actuar con independencia de cualquier otro poder o la ciudadanía (un monopolio del poder, nada menos).

Tan mala es la estrategia de la oposición que, aun teniendo éxito, fracasaría: ¿qué pasaría si la oposición logra paralizar el referéndum? PL tendría la excusa perfecta para victimizarse, perseguirlos, acusarlos de golpistas o de desconocer la voluntad del pueblo y echarles la culpa de su fracaso (culpa del “modelo neoliberal”).

PL, de cualquier forma, tendrá toda la burocracia, autoridades locales y regionales, sistema de justicia y electoral, y fuerzas del orden, a su servicio; además de cientos de millones, producto de la corrupción, el narcotráfico y el lavado de activos. En 2026, no será un problema para ellos colocar a Cerrón (o cualquier otro) como presidente y lograr mayoría en el Congreso. En ese punto, podrían convocar a una asamblea a su voluntad (como lo hizo Maduro en Venezuela en 2017). Esa será la cereza en el pastel, no la llave para tomar el poder total que algunos pretenden.