OpiniónMiércoles, 13 de octubre de 2021
Somos hispanos
Vanya Thais
Periodista

Hemos visto muchísimo revuelo por el día de la hispanidad. La izquierda victimista, como siempre, sigue llorando colonización y tildando de fascista a todo aquel que levante orgulloso la bandera con la Cruz de San Andrés, reconociendo sus raíces.

Las celebraciones del 12 de octubre se llevan a cabo con la intención de reafirmar nuestra propia identidad. Esto aplica a ambos lados del charco, entendiendo la naturaleza de herederos del encuentro entre dos mundos, la confluencia de las idas y las venidas entre los hijos de una heterogeneidad sostenida por la fe cristiana. No tienen por interés el seguir alimentando las falsedades históricas que la nueva izquierda ha adoptado a partir de la propaganda anti-española que, en contexto bélico, holandeses e ingleses utilizaron para justificar la piratería en las rutas comerciales marítimas de la España Imperial; propaganda que hoy en día conocemos como leyenda negra. Tampoco se busca romantizar un período histórico, purgando todo hecho negativo que pudiese haber sido llevado a cabo consecuencia de la llegada de Europa al continente americano, relato que hoy en día ha sido bautizado como leyenda rosa.

La hispanidad como concepto civilizatorio trasciende al de España como estado-nación europeo, es decir, comparte características con lo que en su momento fue la koiné helena que unificaban identitariamente a las polis griegas, o posteriormente las civitas romanas. El 12 de octubre no se celebra un país, sino una civilización compuesta por todos aquellos que aún encarnan el crisol que selló la evangelización de los pueblos, otrora huancas, mexicas, moros, tagalos, íberos, romanos, etc; ahora unidos bajo la denominación de cristianos, independientemente de si practican o no dicha fe. Reconocer que somos un solo pueblo no tiene porqué atentar contra la soberanía de nuestros hogares, economías o identidades regionales, porque es justamente la diversidad lo que define a la hispanidad como civilización, siendo que, al extenderse la monarquía católica, se definió que su expansión sería evangelizadora, y por consiguiente consecuente con el principio cristiano de que todo individuo es hijo de Dios, independientemente de su origen étnico, social o cultural, y por lo tanto debe ser tratado como prójimo; esto sirviendo de brújula moral para que las autoridades a cargo de lo que fue la obra universal de España le otorguen un horizonte a los individuos que conformaban las administraciones políticas de las que estaban a cargo, naturalmente, que existan leyes no evita que se cometan delitos, y sostener un relato que defienda la idea de que no se llevaron a cabo episodios lamentables durante los siglos que existió España como Imperio sería caer justamente en el concepto de leyenda rosa que señalé previamente.

Vale señalar que el marxismo americano -que se manifiesta mediante los foros de Sao Paulo y Puebla-, utiliza el discurso de unidad sabiendo que se refiere a un solo pueblo, pero con el fin de conformar un bloque bolivariano al servicio de China, es decir, convertir a la región entera en un satélite chino. Es importante que esta misma unidad sea utilizada, no solo para contrarrestar las afrentas de esta quinta columna, sino para proteger la economía regional ante los inevitables cambios que las potencias que caen y emergen generan en el balance geopolítico. Hablar de bloques económicos o mancomunidad tiene que dejar de ser un mito para pasar a ser una opción ante el aterrador escenario que se les avecina a los estados-nación que conforman la Iberoesfera.

Por eso hacemos hincapié en la importancia de reconocer la hispanidad como parte de nuestra identidad cultural, para ir con una base más firme al futuro, en unión como pueblos de habla hispana y fe inquebrantable.