OpiniónMiércoles, 20 de octubre de 2021
Ultra Izquierda
Vanya Thais
Periodista

La izquierda está aterrada. La única conclusión a la que puedo llegar después de leer material periodístico hispanoamericano las últimas semanas, desde México hasta Chile, es que están absolutamente nerviosos con las crecientes olas de libertad y democracia que cada vez ganan más jóvenes, despiertan mentes frescas, dispuestas a luchar por su futuro más allá de las falacias.

Un medio mexicano empieza así su texto: “Un programa de adoctrinamiento impartido por las cuatro formaciones de extrema derecha más radicales de Europa: Vox, en España; Ley y Justicia, en Polonia; Unión Cívica, en Hungría; y el Frente Nacional de Francia. [...] Se nutrirá durante las próximas semanas de la ideología más ultra del mundo occidental”, refiriéndose a la primera edición del Programa “Jóvenes Líderes de la Iberosfera”, de Fundación Disenso. Esto solo demuestra el terror que le da a la agenda progresista que cada vez más jóvenes apuesten por los valores tradicionales y sobre todo, por formarse en las ideas de libertad que hoy se abren camino en todo el mundo. “Extrema derecha”, “ultra”, “fascistas”, etc. Venimos leyendo estas palabras no solo en medios internacionales, sino en los medios de izquierda que tildan de fascista a la “derecha” e incluso a los partidos social demócratas como Fuerza Popular.

Claro, es cierto que se escucha hablar de “caviares”, “rojos” y “terrucos”, pero esto ya no tiene el mismo impacto. Se ha vuelto argot de “viejos lesbianos” o “Derecha Bruta y Achorada”. Hay que darle el toque del siglo XXI, hay que usar la palabra “ultra” para que se entienda su verdadera naturaleza. Ultra empobrecedores, ultra mentirosos, ultra criminales, ultra senderistas. ¿Será que usando ese prefijo, entenderán la gravedad del socialismo del siglo XXI?

Quieren manchar la honra de colectivos liberales, conservadores, democráticos y libertarios, involucrándolos en escándalos inexistentes, mellando la honra de sus colaboradores y creando falsos circos para ayudar al comunismo a ganar el tiempo que necesitan. ¿Es normal que se nombre a un medio que no tiene ni dos meses de funcionamiento sin poder probar vínculo alguno al grupo que se denuncia? ¿Pretenden deshacerse de la competencia utilizando golpes bajos y difamando? Esto solo se explica en una izquierda temerosa, una que sabe que su discurso polarizador, de odio y resentimiento, va llegando a su fin.

La mejor ventaja que tenemos hoy en día, es la fuerza de la verdad. El poder del testimonio, del dato, de las gráficas, de la fotografía, de las estadísticas y, sobre todo, del hecho comprobable. Han tenido la narrativa, la publicidad y todo un aparato mediático para adoctrinar mentes por más de veinte años. Hoy, cada vez más jóvenes se informan, leen en internet, siguen a nuevas figuras y aprenden de la realidad de los países que han tenido que sepultar a miles de ciudadanos a consecuencia del comunismo genocida.

En medio de toda esta nueva corriente libertadora mundial, la izquierda sigue nadando y dando manotazos de ahogado, tratando de victimizarse y ensalzando a las figuras de izquierda progresista para que la gente los reconozca como la opción en medio de los radicalismos. Es preciso que la juventud comprenda que el verdadero “centro” no existe y que lo que les quieren vender como “centro” es finalmente un Frankenstein de la izquierda progresista y globalista, que sigue nada más y nada menos que la agenda del Foro de São Paulo.

Estemos despiertos, que los mismos hipócritas que tildan de radical a la izquierda terrorista, le aplanaron el terreno para llegar al poder con fraude. Esos mismos lloraron dos muertes en noviembre, pero olvidaron a los muertos del paro agrario; denunciaron violencia contra Sagasti y su amigo, el periodista de Epicentro, pero no el acoso con turbas enardecidas al periodista que destapó el Vacunagate. No olvidemos, peruanos, que la hipocresía ultraizquierdista, no tiene límites. Ahora, demos la vuelta a la tortilla y llamemos a estos políticos por su nombre: ultra izquierda.