EditorialLunes, 8 de noviembre de 2021
¡Responda presidente Castillo!

Ante la escandalosa estrategia de copamiento de los altos puestos militares por parte de Pedro Castillo, que se alinea con los métodos totalitarios del Socialismo del Siglo XXI -el cual representa sin ninguna duda el actual presidente de nuestro país-, se viene desarrollando hoy una escalada de justificadas críticas al Ejecutivo. El congresista Jorge Montoya ya presentó una moción de interpelación contra el ministro de Defensa, sin embargo, esto no es suficiente. Aquí están implicados el secretario presidencial y el propio presidente de la república, lo que agrava seriamente la situación, ya que Castillo está utilizando los puestos públicos para beneficiar a hijos de sus amigos; no sólo es una forma de corrupción, sino que además dibuja el bosquejo del plan fascista que está detrás de Perú Libre y que siempre fue advertido. Pero, frente a esta situación, ¿qué hacer?

Algo que llama la atención es que, a 100 días del inicio de su mandato, Pedro Castillo ha tenido una comunicación absolutamente unilateral con la población, muy similar a la que tuvo el ‘lagarto’ Vizcarra y sus lecturas de teleprónter como mensajes a la nación que tanto encandilaron a muchos “ciudadanos confundidos”. No ha respondido a ningún cuestionamiento de fondo, sólo utiliza a personajes nefastos -y al borde de la legalidad- como fusibles reemplazables que, cuando la ciudadanía y la prensa pone el dedo, salta el pus y termina renunciando; así nos mantiene entretenidos en una danza de nunca acabar en donde jamás se responde por qué en primer lugar Pedro Castillo puso -por ejemplo- a un asesino como Héctor Béjar a cargo de la Cancillería. ¿Hasta cuándo seguiremos escondiendo el elefante en la habitación? El problema es Pedro Castillo.

La posibilidad de presentar una moción de vacancia en esta situación tiene que ser fuertemente considerada por la oposición del Congreso. La aprobación de Pedro Castillo es baja por puro mérito de su gobierno inútil para defender la propiedad privada y la seguridad -la labor fundamental de un estado-, algo ya visto la semana pasada donde la propia premier justificó la violencia desalmada contra las mineras; mañana puede ser la propiedad de cualquiera. Por ello, con sólo 26 votos puede ser presentada una moción de vacancia, y con 54 votos -que probablemente los tengan- obligarían a Pedro Castillo a hablarle al país y explicar qué rayos está haciendo con los 20 años de democracia representativa que -mal que bien-, habíamos construido. Es decir, no es necesario que se tengan los votos para efectivamente vacar a Castillo para que este procedimiento sea utilizado para algo fundamental: obligarlo a responder.

La principal diferencia entre la concepción de Nueva Democracia, en la cual -como maoísta militante- el presidente Pedro Castillo pregona y anhela, y la democracia liberal y representativa que está enmarcada en nuestra Constitución, es que el dictador mentecato de turno no representa la encarnación de la voz del pueblo. Por el contrario, la diferencia fundamental consiste en que las autoridades tienen el deber de rendir cuentas a la ciudadanía de sus acciones y tienen además la obligación de respetar derechos fundamentales frente al ejercicio del poder. Para Castillo y sus amistades afiliadas al Foro de Sao Paulo -empezando por su propio partido Perú Libre- la Nueva Democracia sólo existe cuando se ha logrado instaurar una dictadura comunista en manos de un partido que se arroga la representación total de la sociedad. ¿Hasta cuando los tibios seguirán tapando el sol con un dedo? ¡Responde Castillo!