OpiniónJueves, 11 de noviembre de 2021
El estilo gremial de gobierno
Alan Salinas
Politólogo

Desde 28 de julio estamos apreciando que palacio de gobierno, bajo la conducción de Pedro Castillo, cuenta con un estilo de gobierno gremial que no permite abrir el horizonte del país -en estos momentos que más lo requiere- para poder afrontar los desafíos económicos y sanitarios que estamos atravesando.

¿A qué nos referimos con el estilo gremial de gobierno? La teoría sostiene que los estilos de gobierno influyen en la dirección de un estado y en el régimen político. De acuerdo a esa premisa, podemos apreciar que el liderazgo sindical, que transita entre lo reivindicativo de plataformas de lucha y defensa de un sector de la sociedad, está en la forma de actuar del presidente. Forma de actuar que no convoca más allá de una agenda que cierto sector político radical posee. “A mí nadie me pone la agenda” dijo ayer en Ayacucho el presidente.

Cuando el país lo que necesita es una orientación nacional para poder situarnos a nivel internacional a través de convocatorias sensatas a capitales que puedan generar empleo e ingresos a las arcas nacionales (aprovechando el alza del precio del litio y el cobre que nosotros como país poseemos por ejemplo) y a través de convocatorias a empresas ligadas a la venta de tecnologías para generar productividad en la pequeña y mediana empresa, lo que podemos apreciar es que -dentro de los 100 días de gobierno- Pedro Castillo ha venido llevando a cabo consignas de “lucha” desde la presidencia, como reivindicar una propuesta radical de un pequeño sector de la población que exige radicalidad (léase estatización, control de precios, presión tributaria al pequeño sector formal del empresariado, gasto social desmedido y asamblea constituyente). Y ni qué decir de la llamada “segunda reforma agraria”, que hasta el momento no sabemos con exactitud cuáles son las propuestas, planes, acciones y presupuesto.

Las minorías activas que representa la acción sindical en un sistema de partidos en crisis, en este caos político de representación e intermediación en el que nos encontramos, no contribuye a un entendimiento que es lo que exige las circunstancias. Entendamos que la política no solo es competencia ni confrontación, también cooperación.

Vuelvo a la teoría. Ella sostiene que lo gremial, al formar parte de un partido político, comprende que es una parte de una agenda nacional para lograr la cooperación necesaria de otros actores para mantener la gobernabilidad en un país. Eso no lo vemos en estos momentos. Y si a esta práctica agregamos que hay elementos nocivos de estilos políticos (vinculados a sendero luminoso) que quieren minar los cimientos democráticos avanzados, estamos ante un peligro constante para los intereses nacionales y para el Estado de derecho.