EditorialViernes, 19 de noviembre de 2021
Hay que romper el "equilibrio vigilante"

Ayer se puso sobre el tapete -oportuna o inoportunamente- el asunto clave sobre el que gira todo el acontecer político nacional desde que el presidente Pedro Castillo asumiera su mandato el 28 de Julio de este año. Son casi 4 meses, que parecen 3 años, con una secuencia inacabable de escándalos vinculados a personajes de baja calaña, con hojas de vida muy cuestionables, con bajo nivel de preparación; pero lo que es más grave aún es la tolerancia -que muestra el presidente con su silencio- a la corrupción, al tráfico de influencias, al mercantilismo y a la contratación por vara que envuelve a todo su gobierno. Sin olvidarnos por supuesto, de todo el inmenso caso criminal de “Los Dinámicos del Centro” que envuelve a la organización política que lo llevó al poder, y con la que sin ninguna duda tiene complicidad y deudas por pagar.

La aprobación de Castillo viene en picada y los indecisos también. Ya cada vez los peruanos vamos quitando el “beneficio de la duda” sobre el que es sin duda uno de los puntos más bajos en la historia política de nuestro país. La desaprobación del presidente, según Ipsos-Apoyo, alcanza el 57% y sólo 35% -uno de cada tres peruanos- aprueba su gestión, en a penas 115 días de mandato. Entre septiembre y noviembre, los niveles socioeconómicos C, D y E -donde el maestro chotano tenía fuerte aprobación-, son los que más han visto reducida su aprobación, todos con una caída entre 17 y 19 puntos porcentuales. El tan mentado “pueblo”, que dice representar y encarnar jacobinamente, le da la espalda al ver cómo es que el gobierno que prometía “no más pobres en un país rico” se dedica a enriquecer a los amigotes del partido, mientras los precios siguen subiendo, y ni los salarios ni el empleo suben por casualidad.

Se han evidenciado, además, varios vínculos criminales que tiene el gobierno, tanto con el terrorismo como con el narcotráfico, confluyendo con intereses de verdaderas mafias internacionales como lo son el Foro de Sao Paulo y el Cartel de los Soles que se alimentan de la hoja de coca producida en el Perú, -motivo por el cuál están tan interesados en detener su erradicación-. Mantenerse “vigilantes” y garantizar la gobernabilidad, no es más que reconocer que debemos permitir que nos gobierne el crimen y la corrupción, mientras estos se apoderan de las instituciones en camino a la consolidación de un proyecto totalitario con pronóstico ya conocido en la región. Algunos hablan de “balas de plata” y de ser “estratégicos” frente a este contexto; que el Congreso debe calcular sus siguientes pasos.

El asunto que parecen no entender quienes mencionan esto, es que en este caso el Congreso sí está siendo estratégico, la pregunta es: ¿con qué fin lo está siendo? ¿Lo está siendo para evitar que el Perú se convierta en una dictadura? ¿Para evitar una eventual Asamblea Constituyente? ¿Para evitar que se sigan robando el dinero de los peruanos con tráfico de puestos públicos? Nosotros creemos que el objetivo parece ser evitar el riesgo de perder un puesto seguro -su escaño congresal- en un contexto de crisis económica que se viene agravando precisamente por culpa del presidente Castillo. En este caso, los intereses generales no confluyen con el del Congreso: ellos pueden esperar a que el país se desbarranque con un gobierno marxista-leninista, la pregunta es, ¿cuánto puede esperar el informal que perdió su empleo? Y, sobre todo, ¿qué sucede si esperar ese tiempo vuelve irreversible el daño causado?

Por ello, para romper ese “equilibrio” en el que los congresistas -inclusive de supuesta oposición- están bastante cómodos con esperar que se joda (más) el país para recién ahí plantear una vacancia es que se necesitan iniciativas fuera de la política formal y partidaria para obligarlos a tomar una posición. Hoy vemos a varios políticos de la supuesta “extrema derecha” diciendo que no es el momento, pero si no fuese por la congresista Patricia Chirinos, los ciudadanos que vemos cómo el país se descalabra, ni siquiera obtendríamos respuesta de qué rayos estamos esperando para vacar a quien fuera un operador político de Sendero Luminoso.