OpiniónDomingo, 21 de noviembre de 2021
Vísteme despacio que estoy apurado
Juan Sheput
Analista Político

Tomo prestada una frase atribuida a Napoleón para tratar de dramatizar el momento que vivimos. La frase tiene que ver con un criterio de eficiencia en la cual el actuar sistemático y frío logra que se cumpla el objetivo. De nada vale el apuro si nos lleva a errores y omisiones. Y si hay errores y omisiones pues el fin de nuestros esfuerzos no se cumplirán.

Desde que Pedro Castillo asumió su mandato he señalado en diversos foros que el presidente no da la talla. Su evidente incapacidad e incompetencia son pan de todos los días. No tiene liderazgo ni convocatoria, no tiene equipo, no tiene objetivos. Tiene un entorno delincuencial o sumiso ante sus diligencias o motivaciones. Él es culpable del deterioro institucional que vivimos. Su permanencia en el cargo hace insostenible la buena marcha de la Nación.

Lamentablemente nuestra Constitución no tiene a la ineficiencia e incapacidad como causales de vacancia presidencial. Sí la tiene en el caso de la permanente incapacidad moral que no es otra cosa que la conducta indigna para ejercer el cargo de presidente de la República. Pero esto último tiene que ser notorio, evidente, comprobable y esa es la tarea que tiene que hacer el Congreso para que se pueda plantear la vacancia por permanente incapacidad moral.

Elementos hay. Si el presidente Castillo pone a ministros impresentables para facilitar la huida de los Dinámicos del Centro es una falta moral. Si hay intención de nombrar un gabinete de gente inescrupulosa para colisionar con el Congreso también. Buscar cerrar el Congreso para imponer una Asamblea Constituyente que perjudique la marcha de la Nación cabe dentro de la inmoralidad de no ser sincero y constituye un elemento para la vacancia. Pero todo eso se debe de señalar y sobre todo debe ser materia de convencimiento de la ciudadanía. Sin una base social se dificulta la vacancia presidencial y favorece al que se busca vacar.

Una moción de vacancia presidencial no tiene como objetivo interpelar al presidente (no es interpelable) y mucho menos hacer que vaya al pleno a dar explicaciones. Eso es ingenuo. El reglamento del Congreso lo faculta a hacerse representar por su abogado si es que va adelante la moción de vacancia. Eso ya lo hizo Martín Vizcarra. En política tampoco existe el momento perfecto, pero sí el momento oportuno, el Kairós. Y el momento oportuno será cuando se conjuguen el sentir ciudadano con la predisposición multipartidaria expresada en los votos necesarios. Y para ello es necesario dejar de lado el espíritu de notoriedad y apostar por el esfuerzo colectivo. Caso contrario el gran beneficiado será Pedro Castillo.