OpiniónDomingo, 9 de enero de 2022
Retorno a clases: una necesidad
Úrsula Letona
Directora del CIPP

“Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo" - Benjamín Franklin

Sin duda, las fiestas de fin de año, independientemente del credo profesado, constituyen un espacio de reflexión sobre todo lo acontecido en el año que dejamos, pero también de aquellos deseos o anhelos que esperamos alcanzar en el año que se inicia. Para los católicos, la Navidad es una gran fiesta que conmemora el nacimiento de Jesucristo, Hijo de Dios y Salvador de la Humanidad. Nuestra Fe en esa encarnación es el signo distintivo de la fe cristiana, que para otros encarna la esperanza.

Justamente en esta visión esperanzadora debemos abordar el balance sobre la educación de los niños de nuestro país, para quienes la evidencia –especialmente en perjuicio de los más pobres– avizora un mal horizonte debido a la pesima formación que vienen recibiendo por las restricciones que ha generado la pandemia. Son millones los niños a quienes, por falta de recursos necesarios para recibir clases, y cuyos maestros además registran serias limitaciones para manejarse en entornos virtuales, les ofrecen un futuro muy incierto y poco esperanzador.

Es obvio que resulta necesario el retorno a clases para millones de niños peruanos, quienes desde hace más de dos años sufren del abandono del Estado, pero también de la indiferencia de nuestra sociedad. Decía Franklin que el reto está en involucrarnos todos. En esta etapa de la pandemia se avanzó con el reinicio de diversas actividades económicas y sociales –lo cual está muy bien, es necesaria la reactivación económica para detener el incremento de la pobreza - pero en esta misma visión, hay una actividad que es de mayor relevancia de cara a nuestro futuro como sociedad, se trata del retorno a las clases presenciales, lamentablemente sigue siendo muy poco el esfuerzo que desde la sociedad impulsamos para exigir el retorno seguro a clases, y presionar al Estado que avance en su labor de preparar las escuelas para este retorno.

Se trata de una decisión política del poder ejecutivo, pero aún cuando ocurra tal decisión, se evidencian diversas carencias de capacidades técnicas y profesionales que han sido el resultado del abandono –término con el que corresponde calificar– de las autoridades competentes al no haber implementado una politica estructural que permita a los niños recuperar todo lo perdido, en cuanto al aprendizaje, en estos dos años de pandemia. En efecto, estos 2 años en sus vidas han sido durísimos, conllevando no sólo aspectos pedagógicos sino su propio bienestar, su seguridad y su desarrollo, pues es en la escuela donde, además de educación, deberían recibir protección, un espacio seguro y lúdico, un lugar donde se inician los procesos de socialización que son las herramientas necesarias para un futuro auspicioso.

Ya se puede vacunar a los niños y adolescentes, afortunadamente hemos avanzado en adultos y niños mayores de 12 años, queda la brecha de 5 a 12 por vacunar, población en la que se deberá orientarse los esfuerzos sanitarios en estos dos meses de verano, para dar lugar a un escenario propicio para enfrentar el retorno a clases en marzo 2022.

La infraestructura y el mobiliario debe encontrarse en óptimas condiciones, miremos las experiencias de los países de la región para estos fines. El sector privado debe ser un gran aliado, vía mecanismos como obras por impuestos, incluyendo equipamiento y mantenimiento, o; recurriendo a los convenios país a país en paquetes, entre otras fórmulas éxitosas para lograr preparar las escuelas. Pero, sobre todo, se debió aprovechar e instalar la nueva infraestructura y las facilidades que nuestras escuelas necesitaban, nada de eso ha ocurrido y no viene ocurriendo, facilidades relacionadas especialmente en el uso de tecnologías de la información para desarrollar contenidos e información relevante para nuestros estudiantes y volcar a los docentes a la calidad de maestros, que es lo que demandan los nuevos estándares en materia educativa.

Se tenía la espectativa en la ejecución de reformas, pues teniendo un docente ejerciendo la Presidencia, podría significar convertir en primera preocupación nacional a la educación, lamentablemente los serios cuestionamientos éticos y morales al desempeño del profesor Castillo, no contribuyen en nada con el desarrollo de nuestro país, menos con el futuro de nuestra educación, involúcrese señor presidente, ¡involucrémonos todos!