OpiniónMartes, 11 de enero de 2022
Ayer Acuña, hoy Acosta
Breve reflexión sobre el caso “Plata como cancha”
Jadir Villar
Analista Político

Cesar Acuña es un político con claroscuros, probablemente más empresario que político y su contraparte, el periodista Christopher Acosta, es un personaje que hoy ha salido completamente del anonimato para ser señalado como una víctima, un agraviado de un fallo judicial pese a su condición de imputado y/o querellado.

Hay una fragmentación y una disputa entre los múltiples gremios de periodistas y el gremio de los abogados. Desde un punto de vista estrictamente legal, la balanza esta ligeramente inclinada hacia los Acuña y desde aquellos que ejercen «el mas vil de los oficios», hay una solidaridad incólume con Acosta.

En primer lugar, suponer o exigirle pasividad al líder de Alianza para el Progreso (APP) sobre lo que el consideró un agravio a su honor sería ilógico. Quien siente que han lesionado un derecho suyo, va a accionar mediante mecanismos legales o la autotutela en algunos casos. Cesar Acuña Peralta lo hizo, accionó mediante un proceso de afectación a su interés privado cuya carga de la prueba recaía enteramente en su persona y en sus abogados.

Ayer, cuando escuchaba la lectura de sentencia, el magistrado señaló que Acosta indicó lo siguiente en su libro: “Si César Acuña no fuera rico, estaría, muy probablemente, preso”. El mismo Acosta refiere que es una “inferencia muy válida” en una entrevista que le realizó el Diario Trome, señalando su sustento en las transacciones extrajudiciales sobre las cuales Acuña evitó procesos judiciales mediante el resarcimiento económico.

Es quizás esta, la frase clave del libro “Plata como cancha”, frase lapidaria para Acosta y la publicación de su libro, un supuesto agravio para el dueño de la Universidad Cesar Vallejo.

Desde ya, todos los que nos preciamos de hacer periodismo de opinión, estamos en una encrucijada por que concebimos la opinión como un derecho que no puede encontrar limitantes en las mal empleadas acciones judiciales, pero hay que reconocer asimismo que el derecho a libertad de información y opinión no es una facultad exclusiva de la prensa.

Cuando hacemos opinión, expresamos una forma propia de concebir ideas y criticas sobre un determinado asunto en la sociedad, estamos exentos de la sustentación que exigen los críticos porque abordamos un tema desde nuestra propia experiencia y por ahí puede que citemos alguna frase agradable o dato estadístico para reforzar la idea, pero un libro que traduce una investigación (información) sobre una persona en particular, exige otros tópicos. En síntesis, cuestionar la presunción de inocencia, suplir la labor fiscal y judicial para investigar a alguien y luego emitir juicios sobre su persona, hace necesario tal como indicó el magistrado que las fuentes sean confiables, pero quizás eso es una discusión para la que aún no estamos listos.

Ayer no solo estaba en disputa dos bloques de constitucionalidad amparados en las libertades de información y opinión y, el derecho al honor sino también el poder y el ego de dos hombres, uno con el poder adquisitivo y el otro con el poder de su pluma.

Resulta importante que este proceso, no solo invoque reflexión y preocupación sobre el tipo penal en los delitos contra el honor, y la proporcionalidad pocas veces invocada por la jurisdicción. Hace falta además que la actividad periodística hoy se reivindique. Nadie cree en la justicia, así como también muchos ya dejaron de creer en los medios.

Por último, nuestra política peruana, hoy también hace gala de su mediocridad y poca coherencia. Que difícil debe ser respaldar a Acosta y criticar a Willax. Que difícil debe ser señalar como venganza a un proceso judicial luego de impulsar un proyecto de ley mordaza que buscaba limitar la publicidad estatal en medios privados.

Por lo expuesto, resulta imperiosa la necesidad de hacer mejores profesionales en un país donde el rico aún impera en un país de pobres y el maestro se colude. El estudiante de Derecho no puede egresar con la visión de subsumir forzadamente conductas en tipos penales que no corresponden y el estudiante de periodismo no puede actuar con ligereza y temeridad para informar sobre una persona con sustentos vagos, alegando un derecho que como ya quedo demostrado, no es absoluto.