OpiniónMiércoles, 12 de enero de 2022
No pasa nada

Algunos peruanos manifiestan un par de afirmaciones respecto al régimen que nos gobierna: Por un lado, nos dicen que “no han expropiado nada” y por otro lado que “a Castillo le dan con palo y esa es la evidencia que no se ha afectado la libertad de expresión en el Perú”. Todo esto, con la intención de darnos el consuelo de estar manejados por “inexpertos” que no resultaron “tan malos”.

Respecto a lo primero, las expropiaciones ya empezaron. Estas se han dado -para empezar- sobre el poder adquisitivo de la gente que hoy, en algunos lugares del Perú, no pueden comer porque sus únicas fuentes de alimentos -las ollas comunes- se han extinguido por falta de capacidad de compra en ese sector tan vulnerable de la población que vive del día a día. Ese castigo al acceso a un ingreso se da no solo desde la inflación provocada por la fuga masiva de dólares que han elevado el tipo de cambio (¿alguien quiere hoy soles o dólares en sus formas de pago?), sino también por la falta de empleos que permitan generar ingresos a las personas más vulnerables y con menos habilidades profesionales o técnicas. La voluntad de participación empresarial del Estado se ve manifiesta también cada vez más. Si esta no es una expropiación de recursos de los contribuyentes para dilapidarlos en elefantes blancos como Talara, compras de biodiesel sospechosamente corruptas, o las aventuras bancarias en las que quieren trepar al Banco de la Nación, cuyas pérdidas quieren ser cubiertas con más impuestos sobre los mismos contribuyentes, ¿qué es?

Por otro lado, algunos “entendidos” creen que, porque no se han “cerrado” medios de prensa, la libertad de expresión en el país está intacta. Pues bueno, vean el reciente fallo del poder judicial en favor de un aliado de facto de Pedro Castillo, con plata como cancha. O los resultados de las propias denuncias periodísticas en los hechos: ninguno. Y es que la libertad de prensa es parte de las “pelotudeces democráticas” de las que se ríen tanto el partido de gobierno como su aliado Movadef-Sendero Luminoso.

En conclusión, aquellos que creen que no pasa nada porque no ven militares entrando a estatizar un campamento minero -pero si turbas que los incendian o que les cortan las vías de acceso con el beneplácito del gobierno-, o que no ven a las Fuerzas Armadas ingresar a las oficinas de redacción de los medios afines al gobierno -pero si “periodistas” en reuniones a solas con el presidente, cartas notariales a medios críticos, o denuncias penales a periodistas que investigan a aliados de la “gobernabilidad” de Perú Libre y el Movadef-Sendero Luminoso-; deberían prestar más atención a las sutilezas de los hechos. La narrativa que nos creamos para sentirnos mejor frente a lo que viene sucediendo es más que peligrosa.