OpiniónJueves, 3 de febrero de 2022
Schadenfreude

No puedo evitar, y me disculparán los buenistas y habitantes del mundo feliz y de la dignidad, dibujar en mi rostro una sonrisa socarrona al presenciar como este desgobierno, aupado por la estupidez del antifujimorismo más recalcitrante, se cae a pedazos a solo seis meses de haber ocupado Palacio de Gobierno.

Schadenfreude es el fenómeno que experimento al leer y balbucear a los dignos que eligieron a Pedro Castillo creyendo que con su voto ungían al mesías. Su decepción, su ira, incluso su falta de autocrítica -como la de la congresista Bazán, afirmando en televisión que si pudiera retroceder el tiempo volvería a votar por Castillo- producen en mí el efecto de un chiste icónico e inolvidable.

Y el inefable gabinete Valer, presidido por ese camaleón que alguna vez fue aprista, postuló por Renovación Popular -inexplicablemente, Rafael López Aliaga no atinó a filtrar su hoja de vida- y renunció a la bancada celeste para coquetear sucesivamente con vizcarristas, morados y ahora ser el premier del comunismo del que tanto despotricaba; tiene los días contados porque el deep state caviar que gobierna desde las sombras desde hace tantos años no le permitirá, de ninguna manera, mantenerse en la Presidencia del Consejo de Ministros. Menos cuando la nueva titular de la Mujer y Poblaciones Vulnerables se opone a la ideología de género, motor y motivo de esa cartera parásita.

La palabra alemana, que titula esta -para nada- humilde columna de opinión, está compuesta por schaden, que significa daño o prejuicio, y freude, alegría, y puede traducirse literalmente al español como “alegría por la desgracia”, y si bien tiene su equivalente en nuestra lengua, “regodearse”, pierde definitivamente la picardía y malicia de su versión germana.

Desde los politólogos que justificaron la candidatura del vinculado a Sendero Luminoso, pasando por los comunicadores y sociólogos que veían en el profesor y sindicalista un símbolo de reivindicación para los mil y un grupos de oprimidos históricos, hasta los púberes con DNI azul que se imaginaron superhéroes por “derrotar” a la malvada Keiko Fujimori con su voto necio y visceral -así como les hicieron creer que habían vencido a un monstruo lovecraftiano cuando marcharon contra Merino en noviembre de 2020-, son muchos los estafados que hoy exigen la renuncia del tipo del sombrero y siguen sin asumir que fueron ellos los que le colocaron ahí.

Fueron ustedes, infantes narcisistas, los que mitificaron a Pedro Castillo y le ayudaron a conseguir la presidencia, a la que nunca debió acceder no solo por ser un incapaz y un ignorante supino, sino porque es un agente de la subversión y de los intereses bolivarianos, un peligro para la seguridad nacional.

Aunque ya estén vociferando en sus parlantes que este no fue un gobierno de izquierda para no verse involucrados, son los autores intelectuales y cómplices del desgobierno. Lloren si quieren, yo me río, muchos lo hacemos, de su desgracia.