OpiniónMartes, 12 de abril de 2022
La ética libertaria
Lizandro Bonilla
Comunicador Social

Muchos sostienen —yo el primero— que el liberalismo y el libertarismo como formas de organización política, económica y jurídica, son amorales. Es decir, que no tienen una base moral que indique a los individuos a discernir entre lo bueno y lo malo. Por eso, considero de vital importancia complementar el trabajo en búsqueda de la libertad personal y la ausencia de coacción con una base moral fuerte que permita mantener, de forma espontánea y no coactiva, el orden social en la libre interacción de los individuos.

La ética libertaria —como dice Miguel Anxo Bastos— es negativa. Solo nos indica en qué momentos se configura una agresión y, por tanto, es ilegítimo actuar. Esto, dice el profesor Bastos, es insuficiente y yo estoy de acuerdo con él. La ética libertaria no nos dice cómo vivir nuestras vidas, no nos indica cuáles son las formas exitosas de vivir dentro de una sociedad, solo nos limita en el acto de no agredir al prójimo. Por ejemplo, el libertario debe ser, y es, indiferente a las distintas formas de vivir de los demás, sean morales o inmorales a nuestros ojos, en cuanto no exista agresión a terceros.

Asimismo, la ética libertaria no nos dice qué forma de vida debemos escoger, ni las posibles consecuencias sociales y personales de tal decisión. Por eso es importantísimo agregar la valoración moral en nuestro esquema de vida, y para esto, la religión es una fuente fundamental. Como creyente, soy un convencido en la moral objetiva; pero también es objetivo decir que no todo el mundo vive bajo la misma escala de valores dentro de una sociedad. Con esto dicho, está claro que hay que motivar y promover valores morales, voluntariamente aceptados por los integrantes de la sociedad, para una cohesión que permita el libre y sano desarrollo de esta.

No todo lo que no configura agresión es, o debe ser, moralmente bueno o beneficioso a nivel social e individual. Tampoco asegura buenos resultados en estos dos ámbitos. Una sociedad libertaria, sin el complemento que brinda una base moral sólida podría colapsar rápidamente; aquí otra vez, la religión es absolutamente importante. Nótese que no hablo de cristianismo ni de catolicismo, sino de religión, puesto que todas tienen una escala de principios morales de conducta que encaminan el actuar humano hacia el bien, según su particular entender.