OpiniónMartes, 19 de abril de 2022
Estado y gobierno. Poder y autoridad.
Lizandro Bonilla
Comunicador Social

En estas líneas voy a llevarles un interesante tema recientemente tocado por el profesor Miguel Anxo Bastos. En una sociedad libertaria -anarquista o minarquista- se habla de la desaparición del estado o su reducción solo a seguridad y justicia. Lo que no se llega a entender claramente es la diferencia entre el poder del estado y la autoridad de un gobierno. No es lo mismo hablar del ente abstracto que tiene el monopolio de la fuerza física y su imposición violenta del poder, que del gobierno que se genera a raíz de relaciones libres de autoridad en una sociedad libertaria.

En primer término, hay que aclarar que el poder y la autoridad no son la misma cosa, así como estado y gobierno tampoco lo son. El estado, para existir y controlar necesita ejercer su poder a través de la coerción física o la amenaza de esta: de penas o de castigos. En cambio, un gobierno entendido desde la autoridad no es más que un tipo de organización espontánea de la sociedad y de las relaciones en esta.

Para dar un ejemplo, podemos citar a las relaciones de autoridad de los padres, los profesores, los jefes, o los sacerdotes o pastores. En todos estos casos existe una relación de autoridad, un gobierno que ordena, pero no con la imposición de la fuerza como lo hace el poder estatal. En el caso de la educación, según comenta el profesor Bastos, el estado impone su poder por encima de la autoridad de los padres. Ejemplos claros de esto los tenemos de sobra en nuestro país, pues es de coyuntura muy actual el tema de la participación de los padres en la educación de sus hijos, la educación sexual integral y demás. En una sociedad libertaria, con o sin Estado, se procura ordenar la sociedad por principios de autoridad, no de poder y de uso de la fuerza.

Es importante recordar a los críticos de los modelos de autoridad que, ambas no son equiparables y que estos son necesarios para cualquier orden social, por cuanto son fuente principal de orden coherente en una sociedad, con o sin estado. Muchos olvidan que las empresas y el trabajo se organizan por modelos de autoridad y no de poder. Eliminar estos principios haría imposible su funcionamiento actual. Eliminar toda forma de autoridad implicaría, en sí mismo, eliminar toda forma de sociedad como la conocemos.