EditorialMartes, 19 de abril de 2022
¿Por qué Castillo nos hace perder el tiempo?

Algo que viene caracterizando a la gestión de Castillo, es la utilización de los cargos públicos de las esferas más altas del Ejecutivo, como fusibles políticos. Lo hemos visto en más de una oportunidad, reteniendo en el cargo innecesariamente a personajes cuestionados como Luis Barranzuela, Juan Silva o al propio Guido Bellido; y hoy el premier Aníbal Torres no es la excepción. Avanza una interpelación en contra suya acerca de la arbitraria inmovilización social obligatoria del pasado 5 de abril, y por las muertes derivadas de ello, y el señor sólo atina a mencionar a Hitler, a Marx y a los “ultraliberales”.

La desconexión de Torres con las necesidades del país es muy clara; en Cusco insistió en arremeter contra la prensa libre por las críticas al gobierno, como si este no las mereciera, sin ningún tipo de autocrítica. Culpa a la ignorancia de los peruanos que consideren que es una ofensa que elogie las presuntas carreteras que Adolf Hitler habría construido en Alemania, cuando la ignorancia es suya: la inmensa mayoría de obras de infraestructura se diseñaron e implementaron antes de su auge. Fue una propaganda muy efectiva que se difundió en la época y que no se corresponde con la realidad, como varios especialistas han dicho ya.

Ante todo ello, Torres responde que estará dispuesto a aceptar la decisión del Legislativo, si es que este -luego de interpelarlo- decide presentar una moción de censura para obligarlo a renunciar. La pregunta de fondo es, ¿por qué nos hace perder el tiempo Castillo? El premier Torres no está -ni estuvo- nunca capacitado para manejar el país en medio de una crisis política gigantesca, que impacta a la minería, a los precios de la canasta básica y al orden público. Pedro Castillo, al retenerlo en el cargo sólo le hace perder tiempo y energía a la agenda pública, que ya tiene suficientes problemas reales que abordar como para invertir estos recursos en causas perdidas.

El premier Torres representa la prepotencia y la improvisación de un gobierno que ha roto todos los récords de la autodestrucción del capital político presidencial de manera trasversal a todas las regiones y a los estratos sociales. El gobierno tiene además serios casos de corrupción que pesan sobre el propio presidente y su entorno más íntimo; pero para Torres, hacer hincapié en ello es tener algún tipo de animadversión con Castillo. La realidad, es que la prensa está haciendo lo que corresponde: informar y cuestionar. El victimismo de Torres, de Castillo y de su entorno, sólo constituyen una herramienta para distraer y buscar librarse fácil de su responsabilidad.