EditorialMiércoles, 4 de mayo de 2022
La crisis que se viene

Mientras el país parece absorto, tanto por los delirios de la pandilla de Vladimir Cerrón que reside en Palacio con el único objetivo de refundar la patria a través de una asamblea constituyente, como por los casos de corrupción y nepotismo que salpican las portadas de los diarios nacionales; algo fundamental está quedándose en el tintero: se viene una crisis económica global. El premier Aníbal Torres y el presidente Pedro Castillo, ya vienen escudándose de los malos resultados económicos, ante la opinión pública, atribuyéndolos a puros factores externos; y por supuesto, Castillo no ha dudado en mostrar su preocupación por la inexistente guerra entre Rusia y Croacia, mostrando en manos de quién estamos ante la próxima crisis.

La inflación en los Estados Unidos, calculada en base anual, según el índice de precios al consumidor (CPI, por sus siglas en inglés), alcanzó en marzo la alarmante cifra de 8.5%, cuadruplicando el rango meta de 2% que debe garantizar la Reserva Federal de este país. Ante esto, importantes instituciones financieras como el Bank of America y o el Deutsche Bank han advertido que pronto se pondrá el desacelerador desde la FED, a través de un alza en las tasas de interés, algo que con toda probabilidad producirá una recesión en los Estados Unidos. Diversos expertos están haciendo llamados para que los ciudadanos busquen estabilidad laboral y ahorren para prevenir esta situación, que se agudizará el próximo año.

El Perú también viene padeciendo cifras fuertes de inflación en los últimos meses. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en abril la inflación anualizada alcanzó el 8.6%, y si bien es cierto que existen factores internacionales que influyen, como la crisis del mercado de trigo -cuya oferta está restringida por el corte de flujos a través de Ucrania, por la guerra-; el Ejecutivo está haciendo todo lo contrario a lo que correspondería en este contexto. Recordemos que, en septiembre del 2021, la agencia de riesgo Moody’s recortó la calificación crediticia del Perú de A3 a Baa1, es decir, un grado menos en nuestro nivel de atractivo como destino de inversión. En ese momento, el principal motivo de la degradación fue que la inmadurez política estaba minando las instituciones.

Sin embargo, el vicepresidente y oficial de Crédito Sénior del Grupo de Riesgo Soberano de esta calificadora, Jaime Reusche, también advirtió que, de seguir por el camino de las tensiones entre poderes, el nombramiento de personajes controvertidos, y las luchas políticas sin cuartel; otra degradación de la calificación peruana podría darse en los próximos 12 o 18 meses. Eso es exactamente lo que ha venido haciendo el Ejecutivo sin descanso. Y la cereza del pastel, es que Reusche subrayó que lo que más podría dinamitar nuestra calificación, era precisamente avanzar hacia una asamblea constituyente, la cual “es un evento que podría afectar significativamente el funcionar de la economía, generar bastante incertidumbre legal, política, económica”, según declaró.

Vemos que el Ejecutivo responsabiliza al Congreso y a los mercados internacionales de los malos resultados económicos, pero gatilla y avanza sobre el punto que más puede destruir nuestro capital institucional como destino de inversión: la asamblea constituyente. Así, no es de extrañar que, en septiembre del 2021, las previsiones de crecimiento fuesen el doble (6%) de las que el Fondo Monetario Internacional prevé para este año (3%). El Perú con ese crecimiento, registraría que, en el periodo 2020-2022, estuvo completamente estancado: 0% de crecimiento real. ¿Por qué? Porque el crecimiento anual a penas ascendería a 1.3%, que es la misma tasa a la que habría crecido la población: el PBI per cápita se mantendría constante.

Ante esto, llamamos a que los ciudadanos se preparen para la crisis global que sin duda repercutirá en el Perú, y que nos encuentra en una situación sumamente vulnerable. Debemos rechazar la convocatoria a una asamblea constituyente, no sólo porque no es una demanda popular, y pretende imponerse por los jacobinos de turno; sino además porque es tal vez el peor momento para hacerla, no sólo a nivel político (con un gobierno delincuencial en el poder), sino también a nivel económico. El Perú necesita estabilidad ante un entorno inestable internacionalmente. Que Torres y Castillo se la pasen diciendo que es culpa de los factores externos, cuando vienen dinamitando todos los factores internos que pueden contrapesar estos efectos, es una broma de mal gusto que costará la pérdida de cientos de miles de empleos y el aumento de la pobreza de ese pueblo que jamás parece haberles interesado representar