EditorialJueves, 5 de mayo de 2022
Mucho ruido y pocas nueces

El día de ayer se aprobó la ley que reconfiguraría el directorio y los mecanismos de elección del superintendente de la Sunedu, este organismo adscrito al Ministerio de Educación (Minedu), dedicado a otorgar el licenciamiento y supervisar la calidad educativa de las universidades. Los detractores califican esto como un deterioro de la independencia de la Sunedu, al permitir que tres de sus representantes sean elegidos por las universidades públicas (2) y privadas (1). Los promotores de esta iniciativa denuncian que la calidad educativa no ha mejorado realmente con la configuración de la Sunedu, dado que aún existen casos probados de mala calidad, y que se esta ha permitido favoritismos hacia ciertos grupos económicos con influencia en el Ejecutivo.

Lo cierto es que el extremo que plantea que esta norma sería un retorno a la Asamblea Nacional de Rectores (ANR), se equivoca. Los otros cuatro representantes serán de Concytec, Sineace, Minedu y del Consejo Nacional de Decanos de los Colegios Profesionales, instituciones que no son controladas por los supervisados y que deberían de fiscalizar a las universidades. Más bien, esta configuración permitirá que las universidades tengan una voz al interior de Sunedu y se pueda transparentar la influencia que efectivamente existe para ‘aterrizar’ las exigencias del supervisor. La ANR, por el contrario, era conformada exclusivamente por rectores, y en ese caso la mayoría sí era controlada por ellos, cuando Sunedu no existía.

El problema percibido desde quienes han promovido esta norma es que la elección por concurso público siempre genera la posibilidad de dirigir las bases hacia determinado grupo que sea favorable al poder de turno, es decir, al Minedu controlado por el Ejecutivo. La pregunta que cabría hacerse aquí es si esta era realmente la única manera de evitar este problema o, si acaso, podría añadirse instituciones internacionales en la conformación, o crear alguna institución que contrapese el poder de la Sunedu, sin tener que incluir dentro de su conformación, a un 43% (3 de 7) de los supervisados. Este extremo tampoco suena razonable, ya que bastaría un solo voto de los cuatro restantes, para que de facto la Sunedu sea controlada por quienes debería controlar.

Parece que, en este caso, en donde en ambos lados priman intereses, lo que debe existir es un debate público y abierto sobre lo mejor para los estudiantes, los cuales deben de ser el centro de la política educativa. Ni la autonomía universitaria radical, sin supervisión y sin control -la cuál llevó a que los grupos extremistas como Sendero Luminoso, la utilicen de escudo para la dominación de estos espacios-, ni el monopolio absoluto del poder, que ya sabemos que es fuente de corrupción y de la captura de determinados grupos de interés. En este caso, cabe pensar en un punto medio en donde se transparente que siempre, en todo sector, el supervisado debe tener voz; y a la vez, la supervisión y la definición de las directrices es, al fin y al cabo, impuesta por el poder democráticamente electo.