EditorialViernes, 6 de mayo de 2022
Dos rayas más al tigre

La manifiesta incapacidad moral de Pedro Castillo venía siendo comprobada hacía tiempo. Las razones abundaron desde el inicio del gobierno e incluso desde antes. Ya se sabía que hubo un uso ilegal de fondos del Gobierno Regional de Junín para la campaña presidencial. A su vez, desde su primera semana en palacio nombró ministros vinculadosal terrorismo y acusados por apología al mismo. En el ejercicio de gobierno realizó un explícito tráfico de influencias en los ascensos de las Fuerzas Armadas, en la Policía, Sunat, Petroperú y un largo etcétera. Tergiversó las declaraciones que le daba a la Fiscalía. Contempló, el Presidente de la República y jefe de las Fuerzas Armadas, consultar una posible al mar para Bolivia, afectando directamente la que es su principal tarea: resguardar la integridad del territorio. Ha gobernado con gabinetes en paralelo o en la sombra y botó por WhatsApp al que probablemente haya sido su único buen cuadro ministerial, al profesor Cadillo. Ha copado el estado con huancaínos, chotanos e izquierdistas sin la preparación necesaria para sus cargos, además a maltratado e ignorado permanentemente a los medios de comunicación. Nunca ha querido ejercer un mínimo rendimiento de cuentas, esencial en el ejercicio democrático. Ha permitido, sin empacho alguno, que los conflictos sociales escalen al punto de incendiar las instalaciones de los principales contribuyentes del estado.

El Presidente de la República tiene más cuestionamientos -no enumeramos todos para no abrumar al lector- que intentos de política pública, con un gobierno que no cumple ni los más mínimos estándares. Pero ahora los cuestionamientos van más allá del ejercicio político y de su mandato. El supuesto hombre humilde (con 8 propiedades), profesor rural (con más de siete años de licencia sindical) y rondero (que al parecer nunca lo fue), plagió más de la mitad de la tesis que hizo en conjunto a su esposa, la primera dama Lilia Paredes, para obtener el grado de magíster por la Universidad César Vallejo, propiedad de César Acuña.

La falsedad de Castillo es integral. Y la revelación sobre el plagio es una tragicómica raya más al tigre. De todas sus faltas no es ni de cerca la más dañina o influyente para el país, pero sí demuestra a quién tenemos delante. A un farsante con sombrero que, a pesar de todos los escándalos, parece tener aún todas las herramientas para permanecer en el poder.

La historia, sin embargo, no acaba ahí. Tras la revelación del plagio, la Fiscalía de la Nación permitió que la entidad competente -la Fiscalía de Tacabamba- abriera una investigación al presidente por este caso. La segunda raya más al tigre es el fiscal a cargo de investigarlo, Juan Ramón Tantalean. Él es abogado y magíster precisamente por la Universidad César Vallejo. Y la Fiscalía dice que no hay conflicto de interés; la tragicomedia comienza a tornarse en la más negra de las comedias.