EditorialDomingo, 8 de mayo de 2022
La tabula rasa progresista

En un día tan importante como el Día de la Madre, donde se llama a la reflexión y al homenaje de nuestro progenitor femenino, en particular, y del rol de la madre a nivel social, se ha presentado un debate en redes a raíz de la columna del periodista Renato Cisneros, que cuestiona la utilidad o la pertinencia de esta fecha. En esta, Cisneros describe cómo es que en España viene revisándose en los colegios, desde el 2010, las prácticas como los regalos hechos en clase para las mamás, y que inclusive varias instituciones educativas españolas han decidido simplemente no celebrar ni este día, ni el Día del Padre, por considerarlos potencialmente discriminatorios y dañinos para los niños con familias distintas: monoparentales, homosexuales, o aquellas donde son cuidados por un tío o una abuela.

Ante esta tesis, cabría recordar que casi todas las culturas han rendido homenaje a la feminidad desde tiempos ancestrales. Los ritos en favor de la diosa Rea, madre de dioses tan poderosos como Zeus, Hades o Poseidón, se celebraban desde la antigua Grecia, recordándonos que todos -por más exitosos que seamos-, siempre somos deudores de una mujer que como mínimo nos dio la vida y nos hizo posibles; y en la inmensa mayoría de casos, además nos cuidó y nos dio mucho cariño. El cristianismo luego colocará esta tradicional reverencia en la figura de la Virgen María, madre de Dios, a la cual se le rinde reverencia en todo nuestro país, con un especial fervor en las fiestas patronales en el interior del Perú. Estos son los orígenes.

La celebración oficial y moderna en el Perú fue decretada por el presidente Augusto B. Leguía quien promulgó la ley en abril de 1924, definiendo que este día se celebrara los segundos domingos de mayo. De acuerdo con la tesis reproducida por Cisneros, este día sería un rito conservador que dañaría a aquellos niños cuyas familias no cumplan con este molde que no encajaría con la realidad posmoderna que hoy vivimos; por ello, a estos niños se les estaría discriminando por no contar con una madre o un padre. Los detalles y obsequios que se realizarían en estas festividades no tendrían cabida para estos estudiantes que no tienen a quién homenajear. Ignoran, por supuesto, que todos biológicamente tenemos una madre; aún con las tecnologías más avanzadas, esto es una realidad.

Los críticos más férreos de esta posición indican que el niño debe de “ser fuerte” frente a esta realidad, afrontar que este no tiene madre o padre, y punto. Alejándonos de esta postura, ya que la situación de un niño puede ser efectivamente difícil -por ejemplo, de una familia monoparental, por la pérdida o abandono de alguno de sus progenitores-, creemos que la atención psicológica y el apoyo de los profesores para celebrar correctamente estas fechas es muy importante. Existe consenso desde la psicología de que un niño no tiene la corteza cerebral prefrontal desarrollada, una región dedicada -entre otras funciones- al control consciente de las emociones; pedirle simplemente que “sea fuerte”, sería efectivamente un maltrato por omisión.

Por ello, debemos tal vez repensar el rol de este día tan importante. En vez de ser una fecha de regalos y de simple consumismo, este día debería de llamarnos a la reflexión del valor social que tiene el rol de una madre que, hasta donde hoy nos permite la tecnología y la ley, todos necesariamente tenemos. Si tuvimos una madre o padre ausente, aprovechar este día para perdonar o para enfrentar estos posibles traumas, algo que toda persona que aspira a una vida sana debería de hacer y rendirle homenaje a quien haya suplido este rol en los hechos. El extremo de plantear que este día sería discriminatorio ignora que todos, independientemente de la familia que tengamos de facto, provenimos de un óvulo que nos hizo posibles.

Resulta ciertamente curioso cómo es que el progresismo, que se autopercibe como feminista, no pierde la oportunidad para deslegitimar y menospreciar el rol de las madres en la sociedad. Si bien tampoco debe ser considerado el rol fundamental de la mujer, dado que es muy válido que muchas no deseen ser madres; aquellas que lo deciden, cumplen un rol fundamental que debe ser apreciado por todos en una comunidad que aspira a tener buenos ciudadanos. Sin duda, el respeto a la mujer y el combate a la violencia también está muy asociado a qué tan sana es la relación emocional que cada uno tiene con la figura de su madre; muchas veces, ahí reside el origen de esa violencia.

Hacer tabula rasa de esta tradición, pareciera contraproducente para los mismos objetivos explícitos que los progresistas dicen tener, que es la valoración de las mujeres y de la feminidad. ¿O será acaso que sólo interesa a estos grupos defender un tipo muy específico y direccionado de mujer que calza con el modelamiento cultural que pretenden imponer en nuestras sociedades? En cualquier caso, no resulta razonable ser feminista y a la vez atacar el rol de la maternidad, la cual es elegida por una inmensa mayoría de mujeres. Por todo ello, les rendimos homenaje a las buenas madres que tan importante rol cumplen para todos los peruanos, y solidaridad y apoyo para aquellos que ya no la tienen a su lado. ¡Feliz Día de la Madre!