OpiniónLunes, 9 de mayo de 2022
¿Embargar o no embargar?
Bruno Schaaf
Analista político

Esta semana el tipo de cambio euro/dólar ha alcanzado su punto más bajo desde 2017: 1.05 dólares. Mientras que el Banco de Inglaterra y la Reserva Federal ya han subido los tipos de interés para combatir la inflación, el Banco Central Europeo está en modo espectador y se limita a lentamente –muy lentamente– dejar de comprar bonos. Las diferencias con la política monetaria del la Reserva Federal –de la cual se esperan más de siete subidas este año– son enormes. Ello hace presión sobre el tipo de cambio y empieza a afectar la competitividad de las empresas europeas, así como la capacidad adquisitiva de los consumidores.

La necedad de Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, y el temor por una estanflación en las economías europeas están empujando a los inversionistas a dejar el euro y refugiarse en otras divisas. A este paso no sorprendería que, tarde o temprano, el euro caiga por debajo de la paridad con el dólar. A pesar de todo, no faltan los que insisten en la política monetaria ultralaxa y creen que un debilitamiento de la moneda es beneficioso porque favorece las exportaciones. ¿De qué cree que se producen las exportaciones esta gente? ¿Acaso quieren repetir el camino de la lira o la peseta?

Además de la irresponsabilidad de Lagarde, unos de los temas que más preocupa a las economías europeas es el impacto del posible embargo al petróleo ruso. Por el momento, una serie de países de la Unión Europea (UE) importa petróleo ruso y el régimen de Putin se beneficia de los altos precios. Solo en 2022, se espera que el Kremlin recaude 182 mil millones de dólares por la producción de petróleo, es decir, casi tres veces lo recaudado en 2020 por la misma actividad. En pocas palabras, la Unión Europea financia indirectamente la guerra que en público condena.

¿Cómo solucionar este dilema? Primero, dejarse de moralismos ciegos. Cualquier sanción contra Rusia debe afectar más a Rusia que a la UE, esa debe ser la lógica. Los que piden un embargo del petróleo y gas ruso son unos irracionales, porque el resultado será una crisis energética peor que la de los años setenta en Estados Unidos, pero en la UE. No obstante, un embargo sólo sobre el petróleo ruso –no sobre el gas– sí tendrá un mayor impacto en Rusia que en el resto de la UE. A diferencia del gas, el petróleo necesita menos infraestructura y sí es posible encontrar otros proveedores. Cambiar de proveedor de petróleo es lo mínimo que debería hacer la UE.