OpiniónMiércoles, 11 de mayo de 2022
Mi derecho a educar
Vanya Thais
Periodista

Hace unos días, una mala imitación de Jaime Bayly jugando a ser periodista, le faltó el respeto en vivo a un veterano de la Marina de Guerra del Perú: el Almirante José Cueto. Veíamos a un desesperado príncipe caviar queriendo llevar al ridículo un tema crucial y trascendental: la educación sexual en el marco del Proyecto de Ley 904. Como era de esperarse, el lamentable espectáculo solo dejó en evidencia sus intenciones y no logró su cometido. Más allá del ridículo, Chincha señaló algunos puntos que creo es importante que aclaremos para que no exista confusiones sobre este proyecto de ley.

Primero, Chincha señaló que no podía opinar sobre los contenidos educativos porque “no es maestro”. No ejercer la docencia, no nos excluye como padres de tener la responsabilidad de educar a nuestros hijos. Ese es el problema con los progresistas: tienen hijos y como priorizan cualquier cosa antes de criarlos correctamente, dejan a manos de “otros” su responsabilidad, en este caso -peor aún- en manos de un Estado que pretende adoctrinarlos. Son raudos para hablar de derechos, pero lentos para hablar de deberes y responsabilidades. Para toda la cúpula progresista y caviar, está bien que se deje “en manos de expertos” para poder desentenderse del tema. Flojera en nombre del “progreso”.

A continuación, señaló que en el colegio se debía enseñar pornografía (sí, así como lo leen), porque “igual la van a ver” y es “mejor que la vean en un espacio seguro”. Bajo esa premisa, enseñemos a los niños a matar, a robar, a destruir, porque “igual lo van a ver”. Para variar, el argumento más trillado y tonto. Pero no acaba ahí. Quiere que vean pornografía en un colegio, afianzando la meta progresista de divorciar completo la humanidad y afectividad de la sexualidad. El Almirante Cueto le respondió con algo muy razonable: el manual de Educación Sexual Integral está dirigido a profesores y estos, siguiendo el protocolo, deberían llamar a los alumnos a un espacio privado para “enseñarles” con más detenimiento. ¡Estamos hablando de un menor en un espacio privado, sin conocimiento de los padres, con un adulto ajeno a su familia! ¿Eso les parece razonable?, ¿Es correcto que un menor esté a solas con un adulto hablando de sexo en el colegio?, ¿Dónde quedó la importancia de la ciencia, lo objetivo y comprobable?

El resto de la entrevista fue este remedio de periodista haciendo el ridículo mientras el Almirante Cueto, con una paciencia que muchos no terminamos de comprender, explicaba que el Proyecto de Ley 904 no busca en absoluto imponer una forma de pensar, sino rescata el derecho de los padres a opinar sobre la educación que reciben sus hijos. De manera organizada, podremos levantar nuestra voz en protesta si se pretende obviar el Virreinato en un miserable párrafo después de tres años de enseñanza pre hispánica, si quieren enseñar pornografía a niños de 13 años, si quieren decirle “conflicto armado interno” al terrorismo sanguinario y genocida que azotó nuestra nación en los ochentas.

Ahora bien, no se trata de que los padres decidan qué se enseña o no como quiso pintar este sujeto, sino que opinen. El ente rector de la educación sigue siendo el Ministerio de Educación, pero se entiende que, si un ministro insiste en vulnerar la educación como el exministro Daniel Alfaro, habrá severas consecuencias. Este proyecto de ley es una invitación a que los padres participemos activamente en la educación de nuestros hijos, que los acompañemos y que cumplamos a cabalidad nuestros derechos y responsabilidades como primeros educadores. Ahora solo toca seguir buscando victorias para esta nación.