EditorialJueves, 12 de mayo de 2022
La crisis no es por Croacia

Más allá del ‘desliz cómico’ del mandatario en referencia al conflicto más grande en Europa desde que las guerras yugoslavas asolaron este continente en la década de los noventa, cabe subrayar que la crisis económica -y la subsecuente crisis del mercado laboral- que vive el Perú no ha acabado ni tiene visos de hacerlo. De acuerdo con el reciente informe de la pobreza para el 2021 del INEI, la pobreza alcanza al 25.9% de los peruanos, uno de cada cuatro. Si bien no faltará algún representante de la izquierda obtusa que califique esto de un ‘gran logro’ respecto al año pasado -donde la pobreza ascendió a 30.1%-, la realidad es que hemos retrocedido una década en la lucha contra este mal; niveles superiores a este nos remontan al 2011.

Según un informe de The Economist, el Perú es el quinto país de la región con menor vulnerabilidad respecto a la guerra en Ucrania, sólo superado por Bolivia, Ecuador, Chile y Paraguay. La realidad es que sólo los altos precios internacionales son los que sostienen ese endeble crecimiento de 3.6% previsto por el Ministerio de Economía, y por supuesto, algunos voceros afines al gobierno lo subrayarán como una excelente noticia. Este aumento -como hemos señalado en anteriores editoriales desde El Reporte-, si es visto como un todo desde los últimos tres años, representa un crecimiento equivalente al poblacional, es decir: estancamiento. Pero hay algo aún más importante para los peruanos de a pie: el empleo.

Analizando el mercado laboral, el ingreso promedio de los formales en el sector privado, no sólo no ha aumentado desde inicios de la pandemia: ha caído en 1.8%, según el Banco Central de Reserva. Además, en Lima, apenas ha aumentado el empleo en este sector en 1.1% (sólo 41 mil puestos de trabajo en dos años). Es decir, la creación de puestos de trabajo también está detenida. La única manera de poder crear puestos de trabajo formales a la escala que necesita el país, cuya población crece a cerca de 2% al año, es con inversión privada. ¿Cómo estamos en eso? El Instituto Fraser, por ejemplo, califica en el puesto 42 al Perú, en el índice de competitividad minera; muy por debajo de nuestro competidor principal: Chile (31).

La necedad por una asamblea constituyente, y la ineptitud -tal vez deliberada- de los ministerios por lograr fomentar la inversión, son sin duda factores clave para que cualquier dólar dispuesto a considerar al Perú como destino para nuevos proyectos empresariales, huya a toda prisa. El economista Ricardo V. Lago exponía desde su cuenta de Twitter cómo es que la actual caída de los mercados financieros en los Estados Unidos tiene similitudes importantes a la crisis del 2008-2009, que podrían desencadenar un desplome del índice S&P 500 cuyos efectos se sentirían hasta junio del 2023. Existe la posibilidad de una crisis financiera que podría empeorar nuestras posibilidades para afrontar los problemas que hoy padecemos.

Si de verdad le importara a Castillo el pueblo, entendería que este debate no es una cuestión ideológica. Se trata de lo que funciona y lo que no lo hace. Un país que aspira a darle una calidad de vida mejor a sus ciudadanos no puede asumir políticas que destruyan la actividad productiva, la inversión y la generación de riqueza. Luego, se podrá discutir acerca de la distribución de estas rentas, pero la igualdad en la pobreza no constituye ningún tipo de reivindicación popular que valga la pena defender, inclusive desde la óptica socialista. Lo único que queda claro acerca del norte de este gobierno es que priorizarán la retención del poder -a través de la populista nueva constitución- antes que una verdadera reivindicación que le dé al pueblo una vida mejor.