OpiniónLunes, 16 de mayo de 2022
La constitución como limitación del poder, por Percy Urteaga
Percy Urteaga
Analista político

El tema del cambio de constitución mediante una asamblea constituyente sigue estando vigente en el debate político nacional. Desde el gobierno, el presidente Pedro Castillo sigue promoviendo la iniciativa de llevar a cabo una asamblea constituyente, señalando que es el “momento que se debata”, criticando a la vez, al Congreso por el archivamiento del proyecto que presentó para someter a referéndum el cambio de la actual Constitución. Por otro lado, otros ciudadanos están en contra de dicha iniciativa, ya que, entre sus argumentos, consideran que una asamblea constituyente tendría un poder ilimitado y, por ende, pondría en riesgo la institucionalidad democrática del país.

Y es que es cierto que una asamblea constituyente por definición no tendría límites en su actuar, y podría echar abajo muchas disposiciones constitucionales actualmente establecidas, como, por ejemplo, podría eliminar la Defensoría del Pueblo o el Tribunal Constitucional, ambos organismos reconocidos por nuestra Constitución Política vigente. Además, podría favorecer a los gobernantes para perpetuarse en el poder, tal y como ha sucedido en algunos países vecinos gobernados por dictadorzuelos.

Ahora bien, es necesario tener en cuenta que una de las razones de ser de una constitución es la de ser el instrumento jurídico fundamental para limitar el poder político y garantizar el pleno ejercicio de las libertades de las personas. Siendo así, una eventual asamblea constituyente sería incompatible con la Constitución, toda vez que, a través de aquella, se buscaría eliminar lo jurídicamente establecido para crear un nuevo orden constitucional, dejando sin vigencia la actual Norma Fundamental, impidiendo de esa manera, que esta pueda limitar el poder.

En ese sentido, es preciso tener en cuenta que una asamblea constituyente ejercería un poder ilimitado sobre la ciudadanía, por ello es que solo en situaciones excepcionales se podría llevar a cabo, como, por ejemplo, cuando ocurre una crisis de institucionalidad tal que afecte gravemente a toda a la ciudadanía, y que haga imposible el restablecimiento del orden político, o como cuando se va a dar origen a un nuevo Estado. Ambas situaciones ajenas a nuestra realidad.

Teniendo en cuenta lo antes señalado, es preciso recordar la célebre frase de Lord Acton: “El poder tiende a corromper, el poder absoluto corrompe absolutamente”.