OpiniónDomingo, 22 de mayo de 2022
90 días, por Víctor Andrés Belaunde Gutiérrez

Hace 90 días Rusia demostró que ese gran motor de la historia, la guerra y la violencia, camina a todo vapor. Que la democracia liberal sigue enfrentando desafíos existenciales. Que el totalitarismo acecha.

Al mismo tiempo, el viejo materialismo dialéctico marxista está siendo reemplazado por nuevos materialismos, que rechazan la ética judeo cristiana y pretenden reducir al hombre a la condición de una pobre bestia hedonista (palpable en el fanatismo abortista Demócrata en EEUU) incapaz de dominar sus sentidos.

La invasión de Ucrania evidencia que la ambición imperial de los Zares persiste a través de los siglos, pero, igual que en el pasado, no existe un poder verdadero que la sustente. Desnuda la mentira que una economía del tamaño de España pueda ser una super potencia, incapaz de dominar el mundo sin recurrir al chantaje nuclear, como si esa vieja gran nación ya no fuese más que una banda mafiosa en esteroides.

La China constata que las aventuras militares son eso, aventuras, de imprevisible desenlace. Deben ser conscientes que montar una operación anfibia para invadir Taiwán es un complejísimo emprendimiento, repleto de imponderables, y que su supuesto gran aliado padece de una inoperancia digna de Mussolini. El mundo observa con los encierros de Shanghái el completo fracaso de la política cero COVID y, con ello, posibles cuestionamientos a la legitimidad de la dictadura del Partido Comunista Chino.

En los EE.UU. tenemos la insufrible arrogancia e inoperancia de las castas progres, desesperadas por dictar clases de masturbación e implementar talleres sobre fluidez de género en colegios primarios. Mientras tanto, se disparan los precios del petróleo, cancelan permisos de producción y prosiguen políticas abiertamente inflacionarias, proceso que los asesores económicos de Biden defienden con argumentos propios de un Vásquez Bazán de los años ochenta. 

Europa parece haber recuperado algo de cordura, quizá por la cercanía e inmediatez de la amenaza rusa; aunque no faltan las voces acomodaticias que buscan evitar que Putin salga humillado de su guerra imperial, pero, por el momento, parecen ser minoritarias y estar a espaldas de la opinión pública.

Desconocemos el desenlace de esta guerra, pero, por momentos, encuentro motivos para el optimismo. Se están alineando las circunstancias para que los países occidentales – grandes y pequeños – recuerden, por ejemplo, que la civilización occidental, que parió al estado democrático de derecho y al capitalismo, es producto de la síntesis del cristianismo, incluido su antecedente judío, con la tradición greco latina. Ni la teoría racial crítica ni ninguna elaboración woke, inventadas en pabellones universitarios de EE.UU. por profesores mediocres, brindan una verdadera alternativa filosófica debiendo colapsar bajo el peso de sus intrínsecas falsedades.