OpiniónDomingo, 22 de mayo de 2022
Pedro Castillo y un congreso a su medida, por Juan Sheput
Juan Sheput
Analista Político

Imaginen ustedes a un grupo de soldados, que se niegan a tomar una colina porque en el encuentro con el enemigo puede haber bajas, o a un conjunto de bomberos, reticentes a apagar un incendio descontrolado, por el temor a morir en el intento. Ambas son situaciones inusuales, extremas donde afortunadamente termina imponiéndose en la mayoría de casos la vocación de servicio, el noble ideal, el afán, honorable, de cumplir con la función y misión.

Piensen ahora en un Parlamento que se niega a cumplir con su rol de control político por temor a enemistarse con el ministro de turno, quien, astutamente, ha repartido el presupuesto entre los parlamentarios. O entre congresistas que se niegan a censurar a un premier, a un presidente del Consejo de Ministros, porque disminuiría las probabilidades de sobrevivencia del Congreso que, como sabemos, el presidente puede disolver si censura a dos gabinetes. Estaríamos en una situación penosa, lamentable, de bajísimo nivel político y totalmente ajena a la función que le ha consagrado al Congreso nuestra Constitución. Pareciera que eso está ocurriendo ahora, durante la lamentable administración de Pedro Castillo.

Los ciudadanos se preguntan ¿qué más debe aparecer o denunciarse para que el Congreso proceda a vacar a Pedro Castillo? ¿Qué otro disparate debe protagonizar el premier Aníbal Torres para que se vote por su inmediata censura? En ambos casos todo parece indicar que el Congreso de la República no quiere hacerse de problemas y, más allá del espectáculo infantil que algunos parlamentarios brindan en las redes sociales o el mismo Pleno, no hay intención de cumplir efectivamente el rol de control político.

Como es obvio esta actitud ya ha sido evaluada por Pedro Castillo y sus aliados. Son conscientes que al frente tienen un Congreso que ha optado por su propia supervivencia. El Poder Ejecutivo sabe que en el Poder Legislativo hay una ausencia total de líderes. Saben que mas allá del espectáculo, la amenaza grotesca o el gesto vulgar o matonesco orientado a las tribunas, en este Congreso no hay voluntad política ni de censurar al premier ni vacar al presidente. Entonces pasa lo que estamos sufriendo, se generaliza la incompetencia, la corrupción torna en incontrolable y el Estado se debilita con la invasión de incapaces que están ingresando a la administración pública a saquearlo y a hacer proselitismo.

El país padece de una ola de inseguridad, se viene una catástrofe alimentaria, la economía se desploma, las inversiones se paralizan, cae el empleo, los servicios públicos han colapsado, pero eso al Congreso no lo sacude en sus cimientos. Han optado por la convivencia, por pasarla bien los cinco años. El Congreso no está cumpliendo con su función. Es un Congreso a la medida de Pedro Castillo.