OpiniónLunes, 23 de mayo de 2022
Guerra en Europa y la Cumbre de las Américas, por José Antonio Torres
José Antonio Torres Iriarte
Abogado y analista político

La economía internacional se ve afectada por las presiones inflacionarias en general, el alza de los combustibles y los fertilizantes en particular; en un contexto de crisis derivada de la invasión de Rusia a Ucrania.

Los EE. UU observan el desarrollo de los acontecimientos, sabiendo que su poderío y el presupuesto que asigna a la seguridad nacional de su país, sumada la lejanía física respecto a la zona de conflicto, le otorga una ventaja comparativa. La Unión Europa y Alemania, en especial, apostaron por el desarme, la reducción del gasto militar y un mayor gasto social para dar viabilidad a un Estado de Bienestar, que hoy se ve en riesgo por un escenario de guerra con consecuencias impredecibles. La OTAN solventada sobre todo por los Estados Unidos, no fue capaz de comprender que aún en el siglo XXI hay espacios para los nacionalismos y militarismos. Rusia con un enorme territorio euroasiático, con menos de 150 millones de habitantes, con una economía de ingresos medios, pero con un enorme arsenal nuclear, desafía a toda Europa y a la comunidad internacional.

Cuando la Unión Europea y, sobre todo, Alemania consideraron la opción de afianzar una alianza estratégica con Rusia, para garantizar el suministro de energía, pareciera que no evaluaron un escenario de guerra. Bajo el nombre de "operación militar especial”, descrito así por Putin, el viejo imperio emprendió esta como una decisión soberana para garantizar la integridad de su territorio y, a la vez, liberar a las poblaciones pro rusas supuestamente sometidas por el gobierno pronazi de Ucrania.

La historia de Europa está signada por la guerra, las uniones, las escisiones, los nacionalismos, la polarización ideológica, los crímenes perpetrados por el nacional socialismo durante la II Guerra Mundial, sin olvidar lo que representó el fascismo y el comunismo durante el siglo XX. Cuando el gobierno ruso habla del renacer del nazismo en Ucrania, no solo miente y distorsiona la realidad, sino que es incapaz de condenar los crímenes que entre 1917 y 1989 se consumaron en los tiempos del bolchevismo y el estalinismo.

La Unión Europea como apuesta por la paz y la cohesión social, no puede soslayar sus obligaciones con la defensa y la seguridad continental. Es claro que Rusia pretende recuperar los territorios que formaron parte de la Unión Soviética, teniendo en Vladimir Putin al líder formado en los servicios de inteligencia soviéticos, que en mi concepto desdeña las libertades y tiene afecto por las tiranías.

Por otro lado, el gobierno de Joe Biden ha convocado a la Cumbre de las Américas con el propósito de afianzar la cooperación hemisférica bajo el liderazgo norteamericano. La exclusión de los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua ha generado la protesta de los gobiernos de México y Bolivia, en especial. Las tiranías de Cuba, Nicaragua y Venezuela precisamente no han dudado en ningún momento en expresar su apoyo a Rusia en su decisión de invadir Ucrania; sin olvidar que la URSS solventó durante décadas a la dictadura castrista y que luego de su disolución ocurrida en 1991, nunca se interrumpieron los lazos políticos y asistencia militar por parte de Rusia hacía la tiranía de La Habana. Por otra parte, la dictadura sandinista de Daniel Ortega cumple un papel estratégico en Centroamérica como aliado ruso, cerrándose el círculo con la dictadura de Caracas que desde la cadena Telesur no duda en expresar su apoyo político a los invasores.

Considero que es el momento de las definiciones, de promover la libertad en nuestra región, dejando atrás todo atisbo de dictadura. Ni la URSS con su fallida revolución, ni la Rusia de hoy pueden dar lecciones de democracia al mundo; así como los Estados Unidos debe dejar atrás la política exterior ambivalente que caracterizó al gobierno de Obama, que restableció relaciones diplomáticas con Cuba sin abogar por la institucionalidad democrática en ese país y cuando aún estaba en ciernes la crisis humanitaria venezolana luego de la muerte de Hugo Chávez, prefirió ser complaciente.

Si Ucrania lucha por su libertad con el apoyo de la Unión Europea, la OTAN y los Estados Unidos, en América Latina urge luchar contra todo tipo de tiranías.