OpiniónMiércoles, 25 de mayo de 2022
¿Canon para el pueblo?, por Raúl Labarthe
Raúl Labarthe
Analista e investigador económico

La propuesta de “Canon para el Pueblo”, presentada en la campaña por Keiko Fujimori, como una alternativa para el ineficiente uso de estos recursos, ha sido materializada finalmente en un dictamen de la Comisión de Economía del Congreso. La idea inicial era la de distribuir el 40% del canon -supuestamente porque este sería el saldo no utilizado- a modo de transferencias a las poblaciones de la región donde las actividades mineras o gasíferas se desarrollan. Mucho ha dado que hablar este proyecto, que ha sido calificado de populista por varias fuerzas políticas, que consideran que esto generaría una serie de perjuicios. Los promotores son de diversas bancadas, y parece claro que el consenso es uno sólo: el canon no está siendo bien utilizado.

Para establecer una reforma correcta, primero se necesita un adecuado diagnóstico. En mi rol en la Asociación de Contribuyentes, realicé varias investigaciones sobre la mala gestión del canon. Los síntomas son muy claros: alto gasto corriente, altos índices de conflictividad social y millones de soles que ingresan a gobiernos subnacionales con poca capacidad de gestión. La pregunta es, ¿por qué? Un problema fundamental es la distribución que establece la ley del canon, en donde la inmensa mayoría se transfiere no al gobierno regional, sino a las municipalidades, generando una atomización de los recursos que termina por hacer que una cifra estratosférica (8,279 millones de soles en el 2019), se reparta entre demasiadas manos.

Esta cifra, que representa la suma de todos los tipos de canon, es repartida en un 70% entre 1,744 municipalidades -entre distritales y provinciales-, generando un promedio de sólo 3.3 millones de soles para cada una. El 70% de estas reciben menos de 2 millones de soles. La distribución del monto total entre demasiados gestores genera que una cifra multimillonaria se convierta en un entramado disperso, sin un fin claro, y que termina siendo direccionado hacia cientos de miles de proyectos de pequeña escala con demasiados objetivos distintos. Además, el gasto corriente en la última década supera el 18% para todos los tipos de canon, y en el caso del canon y sobrecanon petrolero, alcanza el 30%.

El diagnóstico que para mí se cae de maduro, es que la distribución es el origen del alto costo de fiscalización -que se traduce en corrupción e ineficiencia-, de los proyectos atomizados, y del alto gasto corriente. ¿Esta reforma presenta una solución a este problema? No. La actual reforma habla de transferir directamente el 40% a peruanos pobres de las localidades que hoy gozan del canon. La atomización se trasladará a la distribución de estas transferencias, haciendo que a ciertas personas les toque 10 soles, y a otras 2 mil -por ejemplo-. Es una propuesta de brocha gorda, que no representa lo que realmente se necesita a largo plazo. Este importante tema amerita que se haga una reforma seria.

¿Qué se necesita? Las recomendaciones de la OECD y del Banco Mundial señalan que, en primer lugar, no se debe pagar servicios ordinarios con ingresos extraordinarios; esta reforma plantea que se utilice para la lucha contra la anemia, por ejemplo. Además, las experiencias internacionales muestran que lo mejor sería crear un fondo nacional de ahorro y estabilización (no un fondo de inversión -ojo-), que obligue a ahorrar en tiempos de precios altos, y permita disponer cuando caigan los precios. Así evitas que un día se reparta mil soles y al día siguiente nada. Las transferencias monetarias en sí mismas no me parecen negativas, pero si es que no se reforma el fondo del problema (la inmensa dispersión de recursos), al final no se resuelve nada.