OpiniónMartes, 7 de junio de 2022
La urgencia de una moral cívica, por Percy Urteaga
Percy Urteaga
Analista político

Considero que más que una crisis política, tenemos una crisis moral. Estamos ante dificultades sociales que no solo son generadas por las acciones de un gobierno incapaz, en el cual abundan personas con valores deformados e intenciones perversas, sino que también tales desventuras están sucediendo en gran medida por la inacción de nosotros como ciudadanos, que ante muestras de ineptitud y escándalos con demasiados indicios de corrupción, no reaccionamos firme e inteligentemente. Pareciera que hemos normalizado el hecho de que nuestro país sea dirigido por incapaces e inmorales.

Alguien podría refutar lo antes dicho manifestando que la ciudadanía sí está tomando acciones para contrarrestar los actos de este nefasto gobierno, mediante marchas, movilizaciones y mítines, tomando calles y espacios públicos. Y está bien que se lleven a cabo tales iniciativas. Sin embargo, reflexionemos y preguntémonos si dichos actos realmente están calando en la población y están generando una convicción cívica que motive a cada uno de nosotros como ciudadanos a unirnos para enfrentar a la lacra política infestada de corrupción.

Muchos coincidimos en que es momento de que nos unamos como ciudadanos y que luchemos para que nuestro país no caiga en decadencia, no solo política, sino también moral. Y aunque puedan existir diferencias en la manera de pensar, ello no debe ser obstáculo si esas disimilitudes se ven como posibles complementariedades. La moral debe pesar más que cualquier ideología, y la motivación principal y común debe ser lograr una sociedad más justa y próspera.

Pues bien, en la capital y en algunas otras regiones del país se han llevado a cabo iniciativas que se han materializado en movilizaciones ciudadanas, las cuales han sido vistas con cierto éxito, lo cual ha podido generar esperanza en algunas personas. Sin embargo, ello no es suficiente si tales proyectos no se articulan y se descentralizan, es decir, si no se intentan replicar en la mayoría de regiones de manera consciente y con ánimo desinteresado, en el que se excluya cualquier tipo de protagonismo. Por otro lado, sería importante que se ponga mayor atención a las formas en las que se llevan a cabo tales manifestaciones. Desde los mensajes hasta los gestos, debe siempre primar la sensatez y la tolerancia.

Ahora, con mayor urgencia, es imperativo que defendamos el Estado de derecho para poder vivir en una sociedad en paz, orientada hacia el desarrollo y el bienestar.