OpiniónMiércoles, 8 de junio de 2022
El mito de la Izquierda, por Raúl Labarthe
Raúl Labarthe
Analista e investigador económico

Pocas veces caben los momentos para realizar definiciones de categorías políticas, que suelen quedar relegadas al mundo académico o a la discusión de tres o cuatro tuiteros frikis que nadie lee, mientras que la coyuntura nacional, los innumerables casos de corrupción y la farandulización de la política, terminan obteniendo una mayor visibilidad del público. Es lo normal. Sin embargo, es necesario realizar este ejercicio previo si es que queremos realmente comprender a fondo el acontecer de la vida pública y realizar un correcto análisis de lo que sucede en esta. Hoy, cual hinchas de fútbol, cada uno se ha puesto la camiseta de cierto grupo, con el objetivo de defenderla y asumir acríticamente la narrativa de este pregona. Como mínimo, por lo tanto, deberíamos al menos definir algunas categorías que permitan delinear las fronteras de estos grupos.

Los términos “izquierda” y “derecha”, lejos de ser posiciones caducas o anacrónicas, como algunos sugieren, están más vigentes que nunca; por el simple motivo de que siguen siendo utilizadas de manera muy frecuente hasta la actualidad. Objetivamente, el origen de estos términos data de la sesión del 28 de agosto de 1789, en los inicios de la Revolución Francesa, cuando en la Asamblea Nacional, los partidarios de que el rey conservara la posibilidad del veto absoluto sobre toda ley se sentaron a la derecha; mientras que los partidarios de un veto matizado o nulo se sentaron a la izquierda. Es decir, la izquierda y la derecha estarían en función a la revolución o a la conservación del Antiguo Régimen en Francia, respectivamente; lo que quedó plasmado en estos conceptos a través de la historia. De esta manera, podríamos generalizar a la izquierda aquellos que buscan un cambio revolucionario frente a un statu quo, y a la derecha como su opuesto.

Sin embargo, esta distinción conlleva el concebir estos términos de manera simplemente relativa a un contexto particular. Podríamos reducirlo al absurdo, diciendo que los jacobinos -la primera izquierda-, buscaron ser conservadores respecto al nuevo régimen que instauró tras la revolución; y en su defecto, la izquierda sería derechista. De acuerdo con el filósofo español, Gustavo Bueno, aquello que le da un contenido concreto a la derecha y a la izquierda es su posición en relación con el Antiguo Régimen, la cual tenía la particularidad de unir el trono -el poder regio-, y el altar -sea católico, luterano, musulmán, etc.-. La izquierda sería todo aquello que se concibe como un proyecto político que niega la unión del trono y el altar, mientras que la derecha propondría la afirmación de esta unión.

Por este motivo, Bueno calificará de izquierdas tanto al anarquismo, a los jacobinos, al comunismo, a la socialdemocracia, a los liberales españoles de la Corte de Cádiz, y al maoísmo aplicado en China. Y es que la izquierda no sería un concepto unívoco, sino análogo; es decir, que se define “en relación a”. No existiría por ello tal cosa como la izquierda; sino, que deberíamos hablar de las izquierdas. Del mismo modo, la derecha tendrá tres variantes principales: reaccionaria, liberal y socialista. Sólo para aclarar, aquí Bueno definirá como ‘derecha socialista’, a aquellos proyectos que buscaron otorgar beneficios sociales a las clases bajas con el objetivo de evitar una revolución; en esta sitúa al régimen de Francisco Franco y al canciller Bismark. La derecha reaccionaria busca regresar a la unión del trono y el altar, mientras que la derecha liberal, será derecha, cuando esta se vinculó históricamente en favor de la monarquía.

No existen por ello ni la derecha ni la izquierda. Existen las derechas y las izquierdas, de manera análoga, y muchas veces enfrentadas entre sí. La aplicación de este marco teórico algo complejo, pero bastante específico, podría permitirnos realizar un análisis más fino de la realidad peruana. En mis columnas futuras presentaré ese análisis. En vez de andar calificando de manera burda de ‘comunistas’ a personajes tan heterogéneos como Francisco Sagasti, Vladimir Cerrón, Mirtha Vásquez, Martín Vizcarra o Pedro Castillo; creo con honestidad que hace falta hilar bastante más fino respecto a las categorías políticas, porque lejos de descartarlas, lo que debemos realizar es una clasificación que describa los hechos objetivamente. Se puede criticar la alianza de las izquierdas con el fin de que Castillo alcanzara el poder, pero decir que cada una de ellas es lo mismo, nos tendría que llevar a asumir que todos los que estuvimos en contra del Lápiz, somos fujimoristas; y, creo que esto es un flagrante error. Así que, seamos coherentes.