PortadaDomingo, 19 de junio de 2022
La (e)lección que deja Colombia

Hoy se define el futuro de Colombia. Ya transcurren las elecciones de la segunda vuelta. Se enfrenta la extrema izquierda con raíces guerrilleras, representada en Gustavo Petro. Y, por otra parte, la derecha antiestablishment (o antiuribista, más precisamente) de Rodolfo Hernández. Las encuestas se muestran ajustadas. Las casas de apuestas apuestan por Hernández. El país, como muchos otros de la región en tiempos recientes, se polariza y enfrenta a dos modelos. El desenlace y el futuro se sabrán esta noche.

Las elecciones, como procesos de agregación de preferencias, revelan actitudes de la sociedad a escala nacional. Pero a la luz de los hechos, también revelan procesos que convergen a nivel regional. Estamos en un contexto de política centrífuga. Basta ver las segundas vueltas recientes en Chile (Boric vs Kast), Perú (Castillo vs Keiko), Ecuador (Lasso vs Arauz) y otras futuras como en Brasil, que se enfrentan Lula y Bolsonaro.

Lo más preocupante ha sido el resultado de estas elecciones. En estas, con excepción de Ecuador, país pequeño y sin capacidad de influencia a nivel internacional, han ganado candidatos de izquierda radical-populista, como si el peso del chavismo en la región no pesara. Y como si los resultados de los gobiernos de este corte no tuvieran lugar en la memoria de los latinoamericanos.

Otra constante es determinar qué tipo de gobierno antecedieron a las elecciones polarizadoras entre la izquierda radical y la derecha antiestablishment. De hecho, en casi todos los casos, gobernaba el centro derecha tecnocrático. En Perú fue electo PPK (sabemos lo que produjo). En Chile gobernaba Piñera, en Argentina Macri. Y, actualmente en Colombia, el tecnócrata Iván Duque.

La gran lección que dejan estos gobiernos es el de una derecha aislada de la sociedad, de la política y enclaustrada en los círculos de expertos, en las soluciones en base a evidencia desconectada de los sentimientos de sus pueblos. Allí nace la reacción: una izquierda que quiere destruir el sistema y capturar al país, y, asimismo, una derecha confrontacional y achorada, que busca cerrar la brecha con el elector que los tecnócratas producen por antonomasia.

Si de lo que se trata es de encausar a los países de la región hacia el desarrollo, hipotecar a los pueblos frente a la izquierda radical no ayuda para nada. Y esta es la gran lección que deja los últimos procesos electorales en la región: la necesidad de una derecha que combine la tecnocracia con el discurso popular, no populista. Ambos juntos forjan una opción seria en elecciones y gobiernos, por separado les tienden la alfombra roja a los enemigos de la democracia.

Colombia está entre el abismo (Petro) y un gobierno de derecha complicado, que sería uno de Hernández. Este último tendría que enfrentarse a una poderosa oposición de izquierda sin tener bancada. Hernández cuenta con tan solo 2 diputados y ningún senador. Pero transitar por caminos borrascosos siempre será preferible a la caída al abismo. Seguiremos en los próximos días con la cobertura y opiniones de lo que produzca la jornada de hoy en Colombia.