PortadaLunes, 20 de junio de 2022
Crónica de una muerte anunciada

Gustavo Petro ganó y ahora Colombia será administrado, por primera vez, por un político de izquierda, a pesar de los prototipos de gestiones en la región. Sin necesidad de recurrir a los astros, se puede presagiar con nítidez el futuro inmediato: su economía será zarandeada por la incertidumbre. El exguerrillero del M-19 y exalcalde de Bogotá se impuso en la segunda vuelta con el 50,7% de votos a su favor sobre el 47,3% de Rodolfo Hernández, candidato que fue duramente vapuleado por estar inclinado a la derecha, espectro político estigmatizado estratégicamente en el nuevo milenio. Este panorama es casi un símil del último proceso electoral peruano. Como Pedro Castillo y Perú Libre, el líder de Colombia Humana, partido con el que postuló, no es parte del establishment y tiene un proyecto gubernamental con tufillo a calco. No solo por el saludo que recibió del profesor chotano (“Nos une un sentimiento en común que busca mejoras colectivas, sociales y de integración regional para nuestros pueblos”), sino por esta frase: “No es la guerra, es la educación”. ¿Palabra de maestro?

Saltando la data sobre su vínculo con el movimiento guerrillero M-19 que en su momento tomó por asalto la embajada de República Dominicana en Colombia, tomemos como punto de partida un antecedente inmediato: el petrismo y su don para fracturar su propio entorno. Cuando fue alcalde de Bogotá fueron bajándose del coche políticos de su misma lectura como Guillermo Asprilla, Antonio Navarro, Guillermo Alfonso Jaramillo. Todos lo acusaron de despótico y deslizaron su postura antidemocrática. Lo mismo pasó en su momento —aunque ahora lo simulan; como pasó aquí con los caviares— Claudia López, Ángela María Robledo, Antonio Navarro y más. Ninguno pudo con el populista que jura encarnar la evolución colombiana y que una vez compartió fotos de un supermercado en Caracas, Venezuela, con muchos alimentos. El mensaje estaba claro.

También como burgomaestre prometió un territorio idílico, pero nada de eso pasó. Además de no cumplir con ninguna iniciativa social, dejó a la capital sin metro —lo que dijo que materializaría— y al borde de la cacosmia por el mal manejo de la recolección de basura. En su momento también señaló que va a “cerrar la exploración de petróleo en Colombia”. Es decir, desmantelar la industria de hidrocarburos, la principal fuente de exportación y de ingresos del Estado colombiano. Además de adelantar su propuesta tributaria de que las personas deben pagar impuestos en base a sus ingresos, también ha dicho que, para “saldar una deuda histórica con los campesinos”, iniciará una especie de reforma agraria.

El ritmo estridente de la izquierda en Sudamérica, que se ha erguido con falsa inocuidad, también están Perú, con Pedro Castillo; Venezuela, con Nicolás Maduro; Bolivia, con Evo Morales; Chile, con Gabriel Boric, y Argentina, con Alberto Fernández. Solo están exonerados Ecuador, Uruguay y Paraguay. El caso de Brasil todavía es una disyuntiva. Los prematuros sondeos dan como ganador en los próximos comicios a Lula da Silva frente al insufrible Jair Bolsonaro. ¿Cuál será el futuro de Colombia? O, para ser más específico en grandes dimensiones, ¿cuál será el futuro de este rincón del planeta?