OpiniónMartes, 21 de junio de 2022
¿A dónde va Sudamérica?, por José Luis Gil
José Luis Gil
Analista político

La elección el último domingo de Gustavo Petro como nuevo presidente de Colombia, quien fue “guerrillero” (o terrorista como en el Perú), deja una amarga sensación y frustración a quienes luchamos contra proyectos totalitarios, en especial, de aquellos que usaron el asesinato como método para convencer a otros. Ésta como las otras elecciones llevadas a cabo en Chile, Bolivia, próximamente Brasil, Argentina y en nuestro país, deben hacernos reflexionar sobre las verdaderas razones por las que aparentemente los sudamericanos estamos virando hacia la izquierda cual zombis rumbo al abismo.

Ya en la década de los ochenta, el desmoronamiento del socialismo que había iniciado Mijaíl Gorbachov con la Perestroika (La reestructuración económica de la Unión Soviética con clara tendencia capitalista) y el Glasnost (la liberalización el sistema político hacia la democracia), así como la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 (uniendo definitivamente Alemania), tuvieron sus repercusiones ideológicas y políticas en todo el mundo al haber quedado demostrado que dicho sistema había entrado en franco retroceso por lo arcaico de sus planteamientos.

Sin embargo, las “izquierdas satélites” en el centro y sur del continente americano no se dieron por vencidas con el desmembramiento de las ex URRSS y el fracaso del socialismo en Alemania, Cuba y otros países. Esto provocó que los más radicales crearan en 1990 el Foro de Sao Paulo, y desde allí, plantear los mecanismos para volver a hacerse del poder en Sudamérica. Luego, con el Grupo de Puebla, que abarca mayoritariamente a la progresía mundial, radicalizaron la narrativa perversa y constante contra la derecha y, finalmente, tratando de separar a los países con “RUNASUR” que abarca movimientos sociales y étnicos (con Evo Morales a la cabeza), para completar su “ajedrez” socialista en la región.

El resultado es que diversos países como Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Paraguay, Uruguay y Venezuela, y hacia el 2008, once de los dieciocho países latinoamericanos, empezaran a ser gobernados por presidentes de centro-izquierda o izquierda, ante la inmovilidad de una derecha pusilánime y ensimismada en “producir” sin mirar el futuro (político), dejando que el eje que más se resistió a ser gobernados por el socialismo (Colombia, Perú y chile) habría sucumbido este último domingo. La corrupción transversal entre izquierda y derecha, finalmente contribuyó a quitarle el discurso de “moralina” que tanto utilizaron ambas para hacerse del poder.

¿Esto no significa entonces que el pueblo sudamericano haya definido sesudamente que es el sistema socialista lo que nos impulsará hacia el desarrollo? No, lo que ha pasado es que la estrategia aplicada pasa por convencer a una juventud romántica, “demostrando” a las mayorías frustradas que es la “derecha” la culpable de todos los males, y hacerlos soñar con que el Estado resolverá todos los problemas.

Esto solo se puede revertir con la unidad de una derecha liberal en todo el sentido de la palabra, quitándole la venda de los ojos a quienes han sido embaucados por el canto de sirena socialista, pero demostrando en los hechos que la libertad económica, social y política será lo único que nos lleve hacia el progreso. “Las revoluciones triunfan por la haraganería de quienes deben combatirlas”, no lo olvidemos.