OpiniónJueves, 23 de junio de 2022
¿A dónde vamos?, por Eduardo Vega Marisca

Llevamos poco más de 300 días del gobierno de Pedro Castillo y, hasta la fecha, no se aprecian avances en su gestión, salvo en la proporción de los escándalos de corrupción del Ejecutivo y el crecimiento sostenido de su desaprobación, en crítico paralelo con el crecimiento de la pobreza.

Considerando la previsible improvisación de gestores que podría generar en el gobierno, un partido de neófitos, resulta risible ver como los otrora “aliados mediáticos” del presidente, en vez de buscar las mejores formas para encaminarlo dentro de los rumbos de lógica para nuestro crecimiento; hoy se muestren como los más decepcionados del predeciblemente caótico desarrollo de su gestión. Es decir, viendo que no pueden “comer” de la tan propugnada dignidad que nos ha traído a la posición que detentamos el día de hoy, han empezado a rogar al Congreso, al que deploran y denigran a diario, para que “encuentre una salida Constitucional” a la crisis que padecemos por culpa del “aparente topo de la derecha”, que nos gobierna desde un partido claramente posicionado a la izquierda. El “No más pobres en un país rico” viene haciéndose realidad, pero con el Perú más pobre. En tanto, el gobierno, que aparentemente los ha traicionado, no es capaz de generar un panorama atractivo para las inversiones. Los románticos soñadores de un “líder simbólico de cambio”, miran de lado nuestra lamentable realidad mientras se hacen los traicionados, sin siquiera atinar a proponer alguna solución al problema que ellos mismos han gestado.

El gobierno no tiene o propone ninguna iniciativa y, lo peor de todo, es que no se entiende para qué tienen “aliados Políticos” como APP, AP, JP, UP, PM o SP; si ninguno de ellos tiene la capacidad o iniciativa de revisar una parte de los supuestos planes de gobierno con los que pretendían gobernar. Un claro ejemplo de nuestra involución y desidia fue la presentación de la “Segunda Reforma Agraria”. En lugar de mostrar una imagen de renovación o tecnología pusieron al presidente a guiar una yunta con 2 bueyes, y entonces el concepto de la “Reforma” se resume a mantener el agro igual que hace 150 años.

Si el Ejecutivo quiere propuestas para incentivar el crecimiento sólo tienen que acercarse a los diferentes gremios empresariales y productivos, y pedir las recomendaciones correspondientes. Es más que seguro que las mismas les serán entregadas sin costo alguno, incluyendo las notas y subrayados para evitar perjuicios colaterales. Sin embargo, si el gobernante teme hacerlo porque cree que eso sería lo mismo que pedirle ayuda a sus “enemigos”, debería también recordar que sin la ayuda de los impuestos que pagan esos “enemigos”, tampoco podrá sostenerse durante mucho más tiempo. Porque si hay algo que también devora el hambre del pueblo son los gobernantes que se presentan como salvadores y terminan siendo unos peleles.

Las pocas veces que el Presidente se presentó ante la prensa, se ha expuesto como un agente muy débil, y pese a los esfuerzos de sus asesores por hacer de él un personaje más sólido, sólo se transforma en un nuevo hazmerreir para su sociedad. Cada vez es más obvio que si aún está en la Casa de Pizarro es por cuenta de sus “aliados”, y si va a ser el caso que tendremos que soportar su incompetencia durante los próximos 4 años, al menos deberían ponerse a trabajar para buscar profesionales verdaderamente competentes que gestionen lo que él no puede hacer por sí mismo. Basta con recordar el gobierno de Toledo -salvando las distancias- para entender que el presidente no tiene que hacer mucho más que dar la cara, siempre que exista un equipo de trabajo que incluso pueda “traducir” algún desliz, como en antaño lo hacía Carlos Ferrero Costa.

Hoy en día, Pedro Castillo tiene tantos “lapsus verbales” como para pensar que, el alto porcentaje de los actos que ejecuta, están seriamente revestidos de una falta de corrección personal (ético -moral); similares a aquellas que consuetudinariamente han obligado a dejar el cargo a varios presidentes del Perú. Está cerca de rebalsar el vaso de los que hoy se sienten “traicionados” por su incompetencia y/o por los actos en contra de los intereses y cuotas caviares.

A eso, súmenle que hay tantas dudas respecto de su capacidad, que no faltará quien piense y sustente que se trata de una persona con verdadera “incapacidad moral”; tal cual definida en el inciso 2 del artículo 113 de la Constitución y, en consecuencia, corresponde con el concepto tradicional de los romanos para las personas que necesitan de un tutor o un curador. Así, no podría decir que sus horas en Palacio están contadas, pero sí que se está jugando muy cerca del filo con los reyes del relativismo interpretativo moral, por lo que sólo tiene 2 opciones saludables y decentes: se pone las pilas y mejora sus cuadros para enrumbarnos nuevamente, o renuncia, ¿Pero eso es como pedir peras al olmo no?