OpiniónJueves, 23 de junio de 2022
Babel, por Diego Kobashigawa
Diego Kobashigawa
Analista Económico

A raíz de los altos precios de los metales industriales e hidrocarburos en la década de los 2000, países primario-exportadores como el nuestro, que, gracias a las autoridades que se preocuparon por establecer políticas macroeconómicas apoyadas en la disciplina fiscal, bancos centrales independientes y responsables, y una actitud a favor de la inversión privada -al menos Chile, Perú y Colombia-, pudieron gozar de una bonanza y estabilidad económicas que conllevarían a cerrar paulatinamente las brechas que los han separado de los países desarrollados desde siempre.

Como en toda nuestra historia republicana esta fue nuevamente una época de prosperidad falaz, y contrariamente a lo que se pensaba, sería nuestra oportunidad para salir del subdesarrollo. Hoy, volvimos al caos de siempre, convulsión y descontento social que -según algunos sectores “ilustrados” de la población- se debió al crecimiento económico desigual, que solo enriqueció más a los ricos, y mantuvo viviendo de migajas a los más pobres. Este es un discurso que evidentemente vende en la actualidad. Dicho de otro modo, es la corriente de pensamiento “de moda”.

Que tristeza ver que los países considerados como las estrellas latinoamericanas durante la primera década del nuevo milenio, ahora se encuentran sumidos en convulsiones sociales, caos y descontento. Cabe resaltar que, los mismos personajes que apoyaron a estos candidatos de izquierda a ganar las elecciones, afirman que estos no son gobiernos de izquierda y que traicionaron los ideales del pueblo que los eligió, no son más que desvergonzados mercenarios de la política.

No obstante, el propósito de este artículo no es solamente criticar a la izquierda y sus paupérrimos representantes, sino hacer un mea culpa general. La sociedad hoy en día se encuentra muy agitada, intolerante y no tiene siquiera intenciones de hacer y recibir críticas constructivas. Hay un grave problema de comunicación y por ello el título del presente artículo. Babel, según el diccionario de la Real Academia Española, hace referencia a “un lugar en que hay gran desorden y confusión o donde hablan muchos sin entenderse”, a esto le agregaría que se trata de un lugar y/o circunstancia en la que no hay siquiera ganas de entenderse, y menos de llegar a consensos.

Escuchemos más, seamos más empáticos, unámonos en las causas que realmente vayan en contra de nuestros principios, marchemos al lado del que no piensa igual que nosotros, no nos vayamos a los extremos y, sobretodo, respetemos si queremos respeto.