OpiniónJueves, 23 de junio de 2022
¿Por qué le temen a la Bicameralidad?, por Francisco de Piérola

La semana pasada se aprobó en la comisión de Constitución la vuelta a la Bicameralidad. Un sistema que no tenemos en el Perú desde 1992 y que fue cambiado con la vigente Constitución. Venezuela, Cuba y China tienen un sistema unicameral. Eso debería ser suficiente indicio para querer alejarnos de ese modelo y buscar uno donde haya un mayor contrapeso entre los poderes.

Pero lo curioso es que la izquierda se ha esforzado en contar una falsa narrativa para asustar a la población, como bien lo sabe hacer. Para volver al sistema antiguo, se requiere modificar 53 artículos de la constitución. Por eso, automáticamente, han acusado al Congreso de querer hacer una “mini Asamblea Constituyente”. Evidentemente, no se han tomado la molestia de revisar cómo son esos cambios.

En 51 de los 53 casos, la modificación es enteramente lingüística. Donde antes decía “Congreso” ahora dice “Cámara de diputados y senadores”. Donde antes decía “poder legislativo” ahora dice “poder parlamentario”. Esos son los cambios. No se está tergiversando las leyes en favor de nadie.

La bicameralidad tiene como finalidad crear un Senado revisor que ayude a tener leyes más meditadas y a contener iniciativas impulsivas, y, eventualmente, contraproducentes de la cámara baja. Además, para Senador se requiere tener 40 años y título profesional. En la teoría, esto debería filtrar a los más capaces, aunque en la práctica vemos cómo nuestro Presidente ostenta una maestría y hace el ridículo cada vez que sale en televisión.

Lo que la izquierda quiere hacer es incentivar el fantasma del Congreso. Agrupar a los parlamentarios como si se tratara de una Hidra de 130 cabezas que caminan en la misma dirección. Esto tiene como propósito cambiar la narrativa. Nadie puede dudar que este gobierno es un desastre y no se ven mejores escenarios en el futuro, pero si el Congreso termina con una reputación semejante, la culpa, finalmente, va a ser compartida. Hoy hay 11 bancadas y 10 congresistas sin agrupación. Poner a todos los parlamentarios en el mismo saco es un acto de ignorancia.

Los que más se esfuerzan en promover esta falacia son los progres, que nunca tuvieron gran representación en el Congreso, con sus 3 moraditos, sus 5 verolovers y un oficialismo que ya no les da bola. Para ellos, los que estén fuera de su esfera son igual de malos. La vanidad progre no tiene límites.