OpiniónViernes, 24 de junio de 2022
¿Quién lleva la bandera entonces?, por Tony Tafur
Tony Tafur
Periodista de El Reporte

La permanencia de Pedro Castillo en el poder representa la —esperamos transitoria— victoria de la retórica y de nuestra debacle electoral. No solo hablamos del mutismo de los que en su momento avalaron su asunción para enrostrarnos su impostada impolutez, sino también del letargo del contrapeso político y de los actores judiciales para organizar al material probatorio del sinnúmero de investigaciones en su contra: los ascensos irregulares en las Fuerzas Armadas, la red de corrupción en el MTC, el caso Sarratea, la tesis en la Vallejo y varios más. Hay testigos, hay audios, hay videos, hay porcentajes, respectivamente, y aun así ya está a punto de llegar al año de gestión, alargando así el proceso de izquierdización en Sudamérica.

Desde la dimisión de Manuel Merino ha quedado claro que la presión en las calles ha vuelto a ser el manual de expectoración política. Estas manifestaciones, sin embargo, solo las encarrilan un prototipo conocido por su rimbombante sintonía con lo ‘digno’ y lo ‘correcto’. Como predicadores con el síndrome de Erostrato, buscan protagonismo por todos los frentes acerando sus mandamientos. Son tan contradictorios que cuando deslizan algún halo de resignación por sus desaciertos —sus caprichos— amurallan a los que intentan sanear la situación. "No, tú no me representas", dicen. Es obvio que no. Son capaces de incendiar ciudades en nombre de sus certezas, porque ellos, dicen, la tienen, y cualquiera que encarne alguna divergencia de sus ideales lo tachan de apátrida, seguido de una persecución digital, que es la antesala de su posible conversión a un NN.

Este panorama sigue manteniendo a Pedro Castillo al otro lado de la luna, mientras sigue desarrollando habilidades para el ejercicio gubernamental, no buenas presagio. Si antes se escuchaba a distintos personajes del hampa justificando sus delitos bajo el axioma de que en el Estado también se roba, ¿cuál es nuestro futuro inmediato en medio de esta constelación de transgresiones? Si se va seguir permitiendo que solo la juventud del Bicentenario, tan intermitente, incoherente y movilizada solo cuando la caviarada presiona el botón, encarrile el plano electoral, ¿qué votantes tendremos en las elecciones regionales y municipales, o peor aún, en los posteriores comicios presidenciales? Se debe ir pensando bien en quiénes queremos que lleven la bandera.