EditorialDomingo, 10 de julio de 2022
Editorial: De esto no se vuelve

Estos meses serán seguro estudiados por la Historia como los últimos del calamitoso gobierno de Pedro Castillo y todas las izquierdas. Para muchos la pregunta que cada vez suena con más fuerza es cómo es posible que este régimen todavía se mantenga a flote. Es, claro, una pregunta válida. Especialmente con la seguidilla infinita de miserias a la que Castillo y sus compinches han ya acostumbrado a los peruanos. Sin embargo, estos meses serán también los que definirán a dónde llegó la izquierda en este gobierno.

Los amagues y vericuetos que los antes aliados del gobierno están haciendo para justificar lo que sucede quedarán grabados para siempre. Y es que hoy muchos de los que apoyaron incondicionalmente a Castillo en la elección y que luego integraron su gobierno ya cambiaron de posición. Ya no son voceros de Perú Libre ni se andan tomando fotos con Castillo. Pero sí son conscientes de que la suerte de Castillo será para ellos un ancla que los acompañará por buen tiempo. Entonces intentan hacer menos grave la debacle; doran la píldora.

Esta semana, por ejemplo, un equipo periodístico de Cuarto Poder fue secuestrado y forzado a declarar lo que un grupo de ronderos decidió en Cajamarca. Frente a la unánime indignación de la prensa -que, naturalmente, compartimos en El Reporte- han aparecido de inmediato los exégetas del Perú profundo. Aquellos que de verdad conocen la realidad y la desvelan con sus tweets generosos. ¿De verdad? Resulta que hoy el secuestro deja de ser delito si es que lo perpetran los aliados de una causa en la que la izquierda es parte.

Además, la misma izquierda que promovió la elección de Castillo para evitar la corrupción, ha colocado en el poder a un gobierno en el que la corrupción está ya gangrenando al Estado. Y sí. Sí sabían a quién elegían. A un sindicalista trucho que se tiraba al piso en las calles de Lima para promover que sus colegas no tengan que someterse a exámenes. Y el sindicalista trucho iba como candidato de un partido en el que el fundador y presidente estaba ya en ese momento condenado por corrupción. Y dicen que no la vieron venir… Que les crea Dios.

Lo que pretendemos decir con estas líneas es que -dadas las circunstancias- lo que está sucediendo no será del todo malo en el largo plazo; del lobo, un pelo. Por lo menos la izquierda está terminando de mostrar su contextura real y eso le costará por décadas. Y ese será el verdadero de Castillo para todos los peruanos: haber destruido a esa ilusión llena de vagos, falsos profetas y delincuentes que es la izquierda en el Perú. Una ideología que jamás ha construido nada y que no ha logrado ninguna de sus consignas.

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