EditorialMartes, 12 de julio de 2022
Editorial: La Bicameralidad nos conviene a todos

A inicios de los noventa, una serie de actores políticos comprendieron que el país se enfrentaba a un cambio radical en el paradigma político. La demoledora crisis interna evidenciada en el fracaso del modelo velasquista, una consecuente hiperinflación y el terrorismo colisionaban con un contexto internacional de acelerada globalización, en el cual imperaban las ideas sobre brindar una mayor eficacia y eficiencia en las políticas públicas.

Ese macro contexto económico y social implicó la búsqueda de soluciones en lo político. Críticas aparte, la constituyente de 1993 legisló en ese sentido. Se construyó un modelo económico que trajo beneficios para todos los peruanos. Sin embargo, el diseño institucional en lo político, en el funcionamiento de los poderes del Estado, desde hace más de un lustro, está fracasando. La mayor muestra de ello es el permanente conflicto entre poderes. Esto ha generado una mal utilización de figuras constitucionales que se previeron como mecanismos contra mayoritarios y no como herramientas de destrucción del adversario. Nos referimos a la disolución del Congreso, las peticiones de confianza y la vacancia presidencial.

Durante los debates constituyentes del 1993 hubo calidad de argumentos a favor y en contra de cambio a un Congreso unicameral. La tradición constitucional peruana, con excepciones casi imperceptibles, había sido bicameral. Pero los constituyentes que buscaban eficacia en lo político esgrimían que el Senado ralentizaba la producción legislativa. También denunciaban el alto costo del funcionamiento de ambas cámaras. Una sola cámara, señalaban, traería un Congreso más rápido y menos costoso. Del otro lado, los defensores de la bicameralidad sostenían que la concentración del poder conducía al cesarismo y que la necesidad de rapidez en la producción legislativa podía tener soluciones menos drásticas.

El paso del tiempo ha demostrado que los unicameralistas estaban equivocados. Hoy en día, desde la academia, la sociedad civil y múltiples actores políticos señalan que es mejor la calidad en la legislación que la cantidad. Eso pasa por tener un Senado, que brinde reflexión, contenido al debate y tiempo para observar la calidad de la producción, que funcione como un filtro. Un Senado, a su vez, propicia que las normas se constituyan bajo un mayor consenso político y, en consecuencia, tengan mayor legitimidad.

Por otra parte, la unicameralidad no ha implicado menores costos, todo lo contrario. Según una serie de mediciones del INEI reseñadas en la exposición de motivos del proyecto original del congresista Cavero, “la diferencia real entre el presupuesto del Congreso unicameral de 2019, comparado al Congreso bicameral de 1992, fue de más de S/ 28,800,000”. La unicameralidad nos está costando casi 30 millones más y el actual proyecto de reforma constitucional especifica que no se debe incrementar ni un solo sol más del presupuesto para implementar la segunda cámara.

Los argumentos en favor de la restitución del Senado se cristalizan en la siguiente cita de Enrique Bernales, difunto constitucionalista y ex senador de izquierdas: “(…) han transcurrido 25 años del régimen unicameral dispuesto por la Constitución vigente y este no ha dado mejores resultados que el sistema bicameral. Todo lo contrario. Son visibles las profundas limitaciones que afectan la labor del Congreso de la República, debido a factores negativos que alteran sistemáticamente un funcionamiento de alto nivel, productividad y transparencia por parte de la cámara única (que, dicho sea de paso, tiene un costo presupuestal mucho mayor que el que tenía la bicameralidad)”.

La bicameralidad nos conviene a todos. Por ejemplo, permitiría parar proyectos de cruento populismo económico como los que se vienen realizando desde el inicio de la pandemia. Le brindaría un segundo espacio a la discusión sobre la vacancia presidencial. Leyes como la del cambio de directorio de la Sunedu, tema preferido de los morados, habrían tenido un espacio de reflexión mayor.

A las izquierdas, derechas, centro, institucionalistas, liberales, proteccionistas, constructivistas, les conviene la bicameralidad. De hecho, podríamos decir que les conviene a todos los peruanos, menos a los autoritarios y populistas.

Finalmente, llama la atención el rechazo a la reforma de parte de los congresistas morados, en específico de Susel Paredes. No solo paró la votación del dictamen la semana pasada, sino que pretende utilizar el tema para introducir un cambio de Constitución. Paredes consideró que el pedido de bicameralidad es “una derrota histórica del fujimorismo”, porque están reconociendo que el sistema que implantaron en el 1993 ha fracasado. La congresista deja qué pensar. En todo caso, enhorabuena a los fujimoristas, quienes están reconociendo su error, uno de los mayores de la Constitución de 1993, y ahora lo buscan enmendar. Porque eso hacen los países desarrollados: enmiendan las constituciones, aceptan los errores de la legislación que se producen en un contexto en particular. No intentan cambiar radicalmente la Constitución como lo hacen los países que fracasan en la región y el mundo, sino que enmiendan y reforman las fallas del sistema legal.

Desde El Reporte, esperamos que el día de hoy el pleno del Congreso apruebe, en primera votación, la reforma constitucional. La bicameralidad es una reforma de fondo positiva, pero volveremos sobre el tema para hablar de las formas, que todavía merecen mucho debate.

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