EditorialDomingo, 17 de julio de 2022
Editorial: Váyase, profesor Gareca

El título es provocador, pero difícilmente el contenido de esta nota irá en línea con lo que podría parecer. Aquí no tenemos más que agradecimiento por el trabajo extraordinario de Ricardo Gareca, un entrenador que rompió el hechizo de 36 años y no solo nos llevó a Rusia, sino que nos dejó en las puertas de Qatar. En el camino -como si lo anterior fuera poco- nos llevó a un segundo lugar en la Copa América y convirtió a Perú en un equipo competitivo en una región peliaguda por la gran calidad de las selecciones que aquí juegan al fútbol.

A pesar de todo lo anterior, no creemos que el profesor Gareca hubiera hecho bien en quedarse al frente de la selección. Y poco tiene que ver aquí su calidad como director técnico. El Perú es un país que, como Saturno, siempre acaba devorándose a sus hijos. El nuestro es un país que prefiere el martirologio sobre el heroísmo. Y el pueblo peruano, maravilloso como es, sabe tornarse en una quimera de pequeñeces. En un momento tan confuso de nuestra Historia como el que vivimos, los peruanos necesitamos ídolos. Necesitamos modelos a seguir.

Si Ricardo Gareca se hubiese quedado es harto probable que las cosas dejasen de funcionar tan bien. Y probablemente el merecido lugar que el mejor técnico de nuestra Historia tiene se hubiera apocado. Gareca lo hizo todo bien: lideró con firmeza y con devoción. Enseñó con el ejemplo. Valoró el trabajo duro y el éxito e hizo todo lo anterior con lo que había sobre la mesa. Gareca nos recordó a los peruanos que es mejor hacer que decir que hará. Y le devolvió al país la fe en una camiseta que estaba ya en el olvido. Justamente por eso, se tenía que ir.

Gareca se tenía que ir para que su nombre no se manche. Por su bien. Pero también por el nuestro. Nos merecemos tener en Gareca a un ejemplo de cómo hacer las cosas y su partida -que por supuesto nos llena de pena- es la única forma de asegurar eso. Salvando las evidentes distancias, Andrés Avelino Cáceres es, por lejos, el héroe más grande de la Historia del Perú. Pero Cáceres cometió el único error que el Perú jamás ha sabido perdonar en sus mejores hijos: no murió después de hacer algo heroico. Y la bruma del tiempo le cayó.

Así las cosas no queda más que terminar estas líneas con eterno agradecimiento y, a la vez, con la triste certeza de que el flaco Gareca se tenía que ir.

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