OpiniónMiércoles, 3 de agosto de 2022
La reacción de las FF.AA. contra Castillo, por Santiago Carranza-Vélez
Santiago Carranza-Vélez
Director Periodístico de El Reporte

Castillo no debe seguir un día más en el gobierno. No solo por su incapacidad moral para ejercer la primera magistratura del Estado, sino también por el grado de implosión económica y social que su gobierno genera, además de la destrucción de todo lo avanzado en el plano burocrático. Que continúe en Palacio es doloroso para quienes tienen sus estándares patrióticos como prioridad. Pero el rechazo y la desesperación por su salida no debe llevarnos a la sinrazón.

El último desfile patrio ha generado que algunos ciudadanos, incluidos militares en situación de retiro, alcen su enérgica voz de protesta e indignación al ver a los altos mandos castrenses saludar al actual Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, el mismo que recibió los honores de los uniformados que pasaban desfilando delante de su estrado oficial.

Incluso, algunos de estos militares en retiro se atrevieron a despreciar a las actuales autoridades uniformadas y tildarlos de cobardes, peleles y traidores a la patria. Es interesante cómo los retirados exigen acciones y gestos que dudo hubieran realizado cuando estuvieron en actividad. Digo dudo, no porque no pudieran, sino porque respetaban los fueros internos de disciplina y comportamiento. Pregunto, ¿cuántos militares en actividad han solicitado su pase al retiro por motivos de principios contra este gobierno?

Estoy seguro que los uniformados en actividad resienten el estar subordinados a un personaje nefasto e incompetente como lo es Castillo, tan incompetente como son los de su círculo cercano y lejano. Estoy seguro, también, que actuarán conforme a ley y razón, no a emociones y fluctuantes estados de ánimo, cuando el momento lo exija. La madurez demanda reflexión.

Por eso pienso que se tiene tanto temor a la deliberación de las FF.AA. Históricamente han sido el "árbitro" o "garante" de lo que es el Poder Ejecutivo. Se teme que su movimiento afecte la convivencia democrática y no faltan razones históricas para ello. Cada golpe de estado ha significado un grado de retraso social, aunque no se niega que varios gobiernos de los uniformados trajeron progreso y desarrollo (Castilla, Cáceres, Benavides, Odría, etc).

Aquellos ofendidos retirados exigen que las FF.AA. se manifiesten de alguna forma que haga caer al actual gobierno, y que sean las FF.AA., con su actitud de disconformidad al gobierno, los que "resuelvan" el gravísimo problema creado por las últimas elecciones —especialmente por los caviares— usando herramientas fuera de la ley. Imaginémonos que en Francia, Alemania o Canadá gane un Castillo del hemisferio norte, ¿visualiza a las FF.AA. de dichos países dando un pronunciamiento o golpe de estado?

El irrestricto respeto de las FF. AA. al orden constitucional es algo nuevo en la historia peruana. No dejemos que Castillo nos lo quite, como nos viene quitando tantas otras cosas. Los ruidos "patrioteros" de una porción de retirados de las FF.AA., que exigen un pronunciamiento contra el gobierno, no deben ser aceptados en democracia. Los pronunciamientos políticos deben hacerlos los actores políticos. Las FF.AA. nunca más deben ser un actor político. No retrocedamos.

Un golpe de estado o un pronunciamiento puede significar el aplauso fácil, la alegría del momento, así como la aclamación general. Sin embargo, no tardarían en aparecer los antis, los "respetuosos de sus derechos humanos", los íntegros para demandar y joder las vidas de los valientes uniformados que se movieron por el rechinar de dientes de retirados, los mismos que no tendrán que pagar con juicios ni cárceles las consecuencias de sus "patrióticas" decisiones. Menudo tema el que se presenta para las llamadas instituciones tutelares.

Sin embargo, en los últimos 365 días, dos hechos vienen a demostrar el peso específico de las FF.AA., que se manifiestan en defensa de su honor y no en contra de su rol constitucional. En una ocasión se manifestó en contra de un ministro, cuando el entonces canciller Béjar sostuvo una barrabasada sobre la Marina de Guerra del Perú, la cual le costó el puesto. En otra hubo un comunicado del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas contra las declaraciones del senil y patético (¿ex?) primer ministro Aníbal Torres. Ambas fueron en defensa de su fuero y no excediendo sus responsabilidades.

Las Fuerzas Armadas tienen un derrotero histórico ambivalente en la historia del Perú. En ocasiones han demostrado el mayor heroísmo; en otras, como en el gobierno del general Velasco, la mayor de las infamias. Sin embargo, desde que respetan el orden constitucional mantienen su reputación y moral en alto. Estamos seguros que actuarán, de ser necesario, cuando su rol constitucional lo demande y no cuando el argumentado inconformismo de la ciudadanía se lo requiera como una querella. No retrocedamos más por este gobierno.

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