EditorialDomingo, 7 de agosto de 2022
Editorial: La gran prensa, aliada improbable de Putin

En solo unas semanas habrán pasado seis meses desde que las tropas de la Federación Rusa penetraran el territorio soberano de Ucrania. En pleno siglo XXI, el mundo ha sido atónito testigo de cómo un autócrata contemporáneo ha ordenado a sus ejércitos invadir sin remilgos a un país europeo. El ejercicio de reflexionar sobre el nuevo balance de poderes y los posibles resultados geopolíticos que la guerra de Ucrania tendrá para el mundo es un asunto que demandará tiempo y mucha calma. Sin embargo, hoy queremos proponerles algunas notas sobre cómo Vladimir Putin ha logrado, hasta ahora, encajar un golpe a la paz mundial. El ex coronel de la KGB encontró aliados improbables.

La prensa -en su mayoría- ha condenado la invasión rusa a Ucrania. La cuestión está en que hoy por hoy la prensa responde a dos comités editoriales distintos: el de los editores propiamente y el de las redes sociales. Y en esa dicotomía es que Putin y los mecanismos de desinformación de la inteligencia rusa han encontrado tierra fértil. Los grandes medios han publicado duras condenas en sus páginas editoriales pero, al mismo tiempo, han publicado gran cantidad de noticias diseñadas para lograr la mayor cantidad de clicks que -sin intención, claro está- le han pavimentado la ruta a la narrativa del Kremlin. Específicamente en dos momentos: uno por acción y el otra por omisión.

En las primeras semanas de la guerra la prensa alertó al mundo sobre un posible holocausto nuclear: una guerra con armas de destrucción masiva entre los dos viejos bloques de la guerra fría que bien podría costarle a la humanidad el fin de su existencia. Esta nunca fue una posibilidad. Medios del mundo entero reportaron la cantidad de ojivas nucleares listas que tenían los rusos y también los americanos. Se publicaron, incluso, guías prácticas sobre cómo sobrevivir a la explosión de una bomba atómica. La prensa fue la principal responsable de subir las expectativas negativas sobre lo que podría suceder a un punto, casi paranoico, de alerta irracional. Todo por los clicks.

Así, cuando apareció la posibilidad de que Ucrania tenga que ceder el territorio que permite hoy el puente terrestre entre Crimea y el Donbás (zonas ya ocupadas por los rusos antes de la guerra) y entregar el control del importante enclave comercial de la ciudad portuaria de Mariupol, al mundo esta alternativa le pareció “barata”. Un bajo costo por asumir frente a la (imaginaria) posibilidad de una guerra nuclear. La prensa generó un espejismo de expectativas negativas frente al cual la voluntad rusa pareció razonable. Para los ucranianos ceder todos esos territorios era imposible. Pero ya al mundo le parecía razonable. El divorcio entorpeció las conversaciones de paz en Turquía.

A esto primero hay que sumarle una atrocidad por omisión. Cuando los lectores de redes sociales se aburrieron -literalmente- de las noticias sobre esa guerra en el Dniéper, la prensa hizo lo que mejor hace: cambiar de tema. Hoy la guerra europea que ocupó portadas alrededor del mundo ya no parece importar. Si, como señalaron muchos medios, Putin es tan terrible como Hitler… ¿Cómo es posible que esos mismos medios le dejen de dar cobertura a la guerra? El tema está en que cuando las redacciones se dejan llevar exclusivamente por el interés efímero de los lectores más frívolos, lo importante se acaba tan pronto como lo más importante aparece. Hoy, nadie sigue la guerra ya.

Estos dos ejemplos son tristes muestras de cómo la prensa ha jugado inconscientemente en pared con Putin. Pero lo más triste es que es harto probable que Putin siempre haya sabido lo que estaba haciendo: el show desvergonzado de músculos nucleares durante el desfile por el día de la victoria en la plaza roja sumados a la cantidad importante de veces en las que Putin ha mencionado el arsenal nuclear ruso no son una casualidad. Tampoco lo ha sido la cantidad de fake news que han generado los organismos de prensa afiliados al Kremlin para lograr la distracción necesaria. El oso ruso encontró en una vieja fórmula el camino para salirse con la suya: pan y circo -en Twitter y CNN-.

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