EditorialLunes, 12 de septiembre de 2022
Editorial: La derrota del terror: vencer sin luchar

Hace 30 años un día como hoy, el Grupo Especial de Inteligencia del Perú (GEIN) conectó la estocada final a la quimera asesina de Sendero Luminoso. Tras más de dos años de intensiva actividad de inteligencia operativa, dos agentes ingresaron a un inmueble en donde Abimael Guzmán y Elena Iparraguirre -cabecillas de la organización terrorista- estaban escondidos. La estructura de Sendero Luminoso, diseñada para rendir un culto fanático a la personalidad de Guzmán, se deshizo con su captura y los múltiples cuerpos y organismos de fachada de la maquinaria senderista entraron en un forzado estado de coma. Un día como hoy, nuestro país empezó su lento retorno a una paz que fue secuestrada por un grupo fratricida de fanáticos por poco más de 12 años.

Harto comunes son los recuentos de los hechos que llevaron al GEIN a aquella casa alquilada por Maritza Garrido Lecca y Carlos Incháustegui en la infame Calle Uno (hoy Varsovia) del ahora distrito de Surquillo. Es así que hoy en El Reporte queremos rendirle homenaje al coraje, ingenio y perseverancia de los héroes nacionales que integraron el GEIN de la forma que -pensamos- mejor se ajusta al honor que merecen: repasaremos las lecciones que su gesta histórica nos dejó y que parecen hoy condenadas al olvido. Recordando sus lecciones azuzamos la llama de la memoria que todos los peruanos le debemos a nuestros héroes y, con ellos, recordamos a las decenas de miles que perecieron tras la arremetida salvaje del comunismo maoísta de Sendero Luminoso.

Cuando el coronel Benedicto Jiménez intenta resumir la clave de su estrategia, cita al general y teórico de la guerra chino Sun Tzu: había que vencer sin luchar. El entendimiento de lo puesto en práctica por el GEIN, sin embargo, va mucho más allá de esa frase. Los oficiales liderados por Jiménez y por Marco Miyashiro comprendieron que no se podía seguir librando una guerra en contra de un enemigo del que se conocía prácticamente nada. Así, el grupo fundado al final del primer gobierno de Alan García empezó por procesar el marco teórico. Los agentes del GEIN se formaron en marxismo leninismo, en maoísmo, en dialéctica y se volvieron cotidianos lectores de “El Diario”, órgano de prensa de la organización. Lo primero fue entender qué quería el enemigo.

El terrorismo es el uso de la violencia para fines políticos. El padre de la guerra moderna, el general prusiano Carl von Clausewitz, definió a la guerra como una continuación de la política por otros medios. Sendero Luminoso había aplicado ordenadamente las tácticas militares maoístas -basadas en Clausewitz- que Abimael Guzmán aprendió en una escuela especializada en la china roja antes del Inicio de la Lucha Armada (ILA, en mayo de 1980). Cuando los agentes del GEIN empezaron a comprender la afiebrada ideología que Guzmán empujaba a sus seguidores a pregonar la forma de lucha de Sendero Luminoso se hizo más clara. Todo se había creado en la organización siguiendo una lógica ya establecida: etapas, fases, tiempos y estructuras. De a pocos, quedó relevado un patrón que pronto permitiría un asedio sistemático.

El GEIN también decidió que el enfrentamiento -en tanto la consagración de la violencia política que perseguía el enemigo- debía ser evitado. Así, los cada vez más hábiles agentes de inteligencia operativa se concentraron en las comunicaciones, el financiamiento y la logística de Sendero Luminoso. Este trabajo, muchas veces ingrato, terminó por rendir frutos: la red de financiamiento de la organización a través de una academia preuniversitaria y el seguimiento disciplinado de cuadros menores llevó al GEIN a un paulatino proceso de escalamiento en las jerarquías terroristas. Y a esto se le sumó el ya dicho uso de la “inteligencia operativa”, una creación nacional de relevancia mundial. Poca atención se le ha prestado a este avance creado por nuestro GEIN.

Usualmente el trabajo de inteligencia es desempeñado por analistas entrenados en la detección de patrones y en el posterior discernimiento entre los interesante y lo relevante de cara un objetivo. Una vez que la información de inteligencia ha quedado perfilada, se procede a la toma de acción que suele ser llevada a cabo por un segundo grupo operativo. El GEIN comprendió que la necesidad de hermetismo reclamaba que los agentes del grupo no solo procesen la inteligencia, sino que posteriormente ejecuten las operaciones policiales. Así, los héroes peruanos que derrotaron al terrorismo se convirtieron en una unidad de élite con funciones amplias. La mezcla de todo esto los llevó de una redada a otra y, finalmente, a la captura de Abimael Guzmán.

Todo el trabajo y el ingenio del GEIN hoy ha quedado en pocos libros de historia y menos manuales policiales. Lo primero que comprendió el GEIN es que el terrorismo maoísta había copiado sus estrategias militares de Mao Tse Tung. Sobre todo, en dos extremos: la marcha sería larga y la guerra tendría que ser de desgaste. El GEIN siempre comprendió que la captura de Guzmán no era el principio del fin, sino el fin del principio. Lamentablemente, el Perú -tierra ingrata y de memoria corta- condenó a nuestros héroes al olvido. Y con ellos todo el conocimiento sobre cómo pelear contra un enemigo que todavía espera agazapado su momento para volver a la lucha por una dictadura del proletariado. Hay un dicho sobre los pueblos que no conocen pasado…

Lo hemos olvidado. Pero en nuestras manos está convocar a la memoria los detalles de una hazaña gigante. ¡Viva el Perú!

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