EditorialDomingo, 18 de septiembre de 2022
Editorial: El escudo de la Constitución del 93

En estos tiempos en donde la izquierda peruana -socia electoral del gobierno de Castillo- no desperdicia ninguna chance para atacar a la Constitución de 1993, esta carta ha sido un muro de contención contra la insania económica socialista. Pero Castillo ha resultado ser un pillo de poca monta que, junto con sus compinches, ha hecho de todo el aparato público un botín. Sin embargo, los socialistas que se asociaron con Castillo para llegar al poder en 2021 no han podido hacer los desmadres económicos que quisieran porque nuestro sistema constitucional se los impide. Y hay que reconocer la virtud del texto.

Los riesgos más grandes han quedado, por ahora, fuera de discusión. El Estado no puede intervenir en la Economía. El populismo económico con el que el gobierno de Castillo podría intentar amortiguar la crisis política que atraviesa ha resultado casi imposible. Además, los ministros izquierdistas convocados a gobernar el país han tenido poco impacto en el rumbo económico por, justamente, quedar atados de manos. Increíblemente, el peor gobierno del Perú desde la entrada en vigor de la Constitución de 1993 no ha podido hacer de las suyas por la buena estructura de la carta magna.

La ortodoxia fiscal y monetaria también han quedado blindadas. La autonomía del Banco Central de Reserva ha impedido cualquier tipo de emprendimiento loco que implique impresión de billetes y los mecanismos de elección de los miembros de esta entidad han impedido que Castillo y la izquierda nombren a personajes lumpen como es su estilo. La inflación que hoy afecta al Perú no tiene un origen endógeno. Es, más bien, fruto de una serie de factores internacionales. Todo el daño que las políticas económicas de la izquierda le hicieron al Perú en los 80 generó un texto que hoy evita esas consecuencias.

La propiedad privada y la libre iniciativa empresarial se mantienen como valores esenciales en la Constitución. Ese ha sido el tercer punto en el que la protección Constitucional ha jugado en favor del país. Esto, por supuesto, no significa que no haya que enmendar el rumbo con urgencia. La Constitución no tiene la virtud de gobernar el país. No obstante, la enumeración de decisiones que no pueden ser legítimamente tomadas desde el poder ejecutivo ha jugado un rol inmenso a la hora de evitar que el desastre político sea del mismo calibre en el aspecto económico.

El fin del gobierno caviar en varias instituciones que significó la caída del presuntamente coimero Martín Vizcarra significó también un alto al constante mañoseo de la Constitución. Ya llegará el tiempo en el que las decisiones infames que fueron tomadas por el Tribunal Constitucional y ratificadas en la prensa guaripolera por juristas serviles sean revisadas. Y que sea puesta en evidencia la poca vergüenza con la que la autodenominada reserva moral del país hizo lo que le vino en gana para mantener sus prebendas y para prolongar sus privilegios. De ellos es culpa que hoy estemos así.

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