PortadaMartes, 20 de septiembre de 2022
200 años y el duro presente

Para encoger la convulsión nacional por variables sociales, económicas, y hasta políticas, tenemos resortes estructurales, mecanismos de defensa. Entre estos, hay uno que cumple 200 años de existencia este 20 de septiembre. Se trata del Congreso de la República, que celebra su aniversario en medio de un marco agitado. Después de representar un bastión en plena pandemia del coronavirus —tras vacar justamente a Martín Vizcarra de la presidencia—, ahora, como si el tiempo volviera a ponerlo a prueba, protagoniza un escenario al borde del calco: controlar políticamente a un Ejecutivo con investigaciones judiciales, personas prófugas, un entorno privado de su libertad, y más. Aunque con algunos deslices, el trabajo no desacelera y sus miembros ya apelaron a distintas herramientas —crear comisiones investigadoras, interpelar a los elementos no idóneos, etcétera— para desmantelar a la presunta red de corrupción que lideraría el presidente Pedro Castillo. Y no hay mayor autohomenaje al peso de sus dos siglos que esta histórica tarea.

La llegada del primer Congreso Constituyente fue consecuencia del proceso emancipador. Tras varias rebeliones para liberarnos del yugo de la Corona Española, Don José de San Martín oficializó la independencia del Perú el 28 de julio de 1821, pese a que aún había remanentes realistas en algunas provincias. Como el sistema político a establecerse aún no había sido consensuado, el libertador decidió instalar el Protectorado, que consistía en cederle todos los poderes a su persona. Sin embargo, esta estructura como manual de autonomía había generado varios anticuerpos, razón por la que el 27 de diciembre de 1821 emitió el Decreto N° 146. Esta decisión apuntaba a la primera convocatoria para disponer el primer Congreso Constituyente; es decir, que el país tome las riendas de su propio destino con una Constitución Política.

La segunda fecha de esta secuencia fue el 1 de mayo de 1822. Ese día se debía conformar la comisión que tenía como objetivo elaborar el reglamento de elecciones. Esto no puedo concretarse y se tuvo que aplazar hasta el 28 de julio del mismo año. En esta fecha se asentaron las primeras directrices: habrá diputadores y se dividirán entre 79 propietarios y 38 suplentes. Todos estos, de acuerdo a lo estipulado, debían ser elegidos basándose en el número de pobladores de cada departamento.

Fue así que el 20 de setiembre 1822 a las 10 de la mañana, ya con los diputados electos, se inició la concreción de este proceso en Palacio de Gobierno. Tras la reunión en la sede del Ejecutivo, los seleccionados se fueron a la catedral para la respectiva bendición. Hecho esto, el entonces ministro de Estado y Relaciones Exteriores, el Dr. Francisco Valdivieso, los invitó a jurar con estas palabras: “¿Juráis conservar la santa religión católica, apostólica, romana, como propia del Estado; mantener en su integridad el Perú; no omitir medio para libertarlo de sus opresores; desempeñar, fiel y legalmente, los poderes que os han confiado los pueblos; y llenar los altos fines para que habéis sido convocados?”. La respuesta fue un unánime: "Sí, juramos". Después que tocaran de dos en dos el libro de los Santos Evangelios, José de San Martín tomó la palabra: “Si cumpliereis lo que habéis jurado, Dios os premie; y, si no, Él y la Patria os lo demanden”. En seguida, se entonó el Te Deum, hubo un repique de campanas, y San Martín cerró esta instauración con el siguiente anuncio: “peruanos: Desde este momento queda instalado el Congreso Soberano y el pueblo reasume el poder supremo en todas sus partes”. Los vítores no se hicieron esperar.

Han pasado 200 años desde ese memorable episodio. Ahora el Congreso tiene a 130 parlamentarios. El actual presidente de la Mesa Directiva es José Williams Zapata y sus vicepresidentes son: Martha Moyano, Digna Calle y Alejandro Muñante. Como representación del contrapoder, tienen en sus manos la posta para encaminar los proyectos legislativos y las decisiones en el Ejecutivo que ayuden a la ciudadanía. Y respecto a la segunda fuerza mencionada, muy mellada desde que lo asumió Pedro Castillo, el Parlamento tiene la autoridad y las armas constitucionales para frenar cualquier acto desde este espacio que vaya en perjuicio del país.

¡Felices 200 años al Congreso de la República! Desde esta tribuna, esperemos que encomienden la misión que se les otorgó hace dos siglos y sepan guiar los designios del país.

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