OpiniónMartes, 20 de septiembre de 2022
¿El Gato de despensero?, por Vicealmirante (r) Calisto Giampietri
Francisco Calisto Giampietri
Vicealmirante A.P.(r)

Día a día somo testigos de cómo este gobierno se hunde más y más en el fango de su propia corrupción. No solo porque tenemos a un desgobernante con seis denuncias fiscales en curso, tildado de líder de una organización criminal, con su esposa investigada por pertenecer a la precitada organización, con su hija-cuñada y personas de su entorno cercano detenidas, familiares y ex ministros prófugos de la justicia, y su primer ministro también investigado por pertenecer a una organización criminal, más allá de que el hermano del mismo trasgrediendo lo establecido en el ordenamiento legal siga lucrando con el Estado, mientras el premier nos dice a todos los peruanos y con desenfrenado desparpajo que: “¡Nos muramos de envidia!”

Lo descrito líneas arriba constituye más que suficiente material para vacar al ex usuario del sombrero, pero a contramano vemos que más allá de pasearse por plazas y parques victimizándose como producto de la oligarquía opresora, ha cruzado a la otra acera utilizando todos sus recursos para, a través de interpósitas personas, atacar a quienes lo investigan, pretendiendo entre otras cosas, con una denuncia cantinflesca y sin sustento alguno, solicitar el pase al retiro de su investigador. Evidente es su acorralamiento legal, el que lo está llevando a hacer del error una constante y aunque errare humanun est, este ha llevado el dicho al máximo grado de superlatividad, rayando en la desenfrenada estupidez, que parece que en este régimen tiene un nivel de contagio más agudo que el “COVID-19” o la “Viruela del Mono”.

Sino veamos pues, cómo por arte de magia los registros de las cámaras de seguridad en Palacio de Gobierno se borraron producto de la búsqueda de su cuñada-hija; el primer ministro sigue atizando el enfrentamiento mediante su trasnochada apelación a la lucha de clases y el sonsonete de la victimización; el tan mentado proceso de adquisición de urea se cae como se caerán las cosechas venideras y el hedor del guano inunda nuestro ambiente político; mientras el peruano de bien ve desde el balcón cómo con desesperado accionar el ex sombrerero loco mueve toda herramienta politiquera y legal para desviar la atención del verdadero problema, promoviendo a velocidad supersónica la caída de Camones, claro está, sostenido por la caviarada que se frota las manos sin descanso. La capacidad de maniobra de Castillo cada vez se acota más, los peruanos que creyeron en él, o no creyeron en otra opción, con su actuación u omisión, no hicieron más que poner, como diría mi abuela, al gato de despensero, pero ese gato que estuvo cómodamente instalado, lisonjeándose con los más suculentos potajes en su cómoda despensa. Hoy, luego de haber ganado más que suficientes kilos, se da cuenta que dicha despensa no es tan cómoda y que las acusaciones lo acorralan, mientras su propia incapacidad para salir del aprieto llevada por su obesidad mórbida, derivada del banquete que se ha dado, no le permitirá salir bien parado como cualquier otro gato podría siempre caer, pues este gato que fuera callejero, hoy se convirtió en un fútil gato faldero.

¡¡¡ Despierta Perú….despierta!!!

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