PortadaJueves, 22 de septiembre de 2022
Nada nuevo en la ONU

Pedro Castillo retornó de Nueva York, luego de su participación en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Su discurso levantó suspicacia debido a que sustentó diversos puntos específicos sobre la política exterior peruana.

En su exposición, como era de esperar, rechazó la intervención rusa en Ucrania, alineándose con casi todo Occidente. También manifestó que abriría una embajada en Palestina, siguiendo la línea de la política bilateral ya trazada. Lo negativo sobre este punto fue su énfasis en la ocupación israelí.

Lo más preocupante, sin lugar a dudas, fue cuando se comprometió con el acuerdo de Escazú, el cual vulnera la soberanía territorial del Perú. Este acuerdo, que supuestamente versa sobre material ambiental, en realidad lo que abre es un espacio a la intervención extranjera en nuestro territorio en base al argumento ambiental.

Castillo se comprometió, a su vez, a seguir la agenda 2030 para el desarrollo, la cual promueve la misma ONU. Nada nuevo bajo el sol.

El jefe de Estado mencionó la tradición peruana en contra de la colonización y el principio de libre determinación de los pueblos. Para ejemplificar ello mencionó el caso de la República Árabe de Saharaui Democrática y el caso de las islas Malvinas. El caso de la República Saharaui es controversial. Si bien se reconoció desde el segundo gobierno de Fernando Belaunde, ha generado vaivenes en nuestra política exterior. El reconocimiento como Estado para este territorio es una lucha de la izquierda internacional y confronta contra los intereses de Marruecos en su zona de influencia. Mencionarlo en el foro multilateral muestra al presidente frente al mundo con una orientación izquierdista y afecta la relación con Marruecos. Tampoco es el fin de la política exterior.

En cuanto a nuestra posición sobre la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, en detrimento de Reino Unido, es una tradición de nuestra política exterior también desde el segundo gobierno de Fernando Belaunde. Nada nuevo bajo el sol, solo le sirve para confrontar a una nación desarrollada y le echa una mano al gobierno peronista, un fiel aliado de Castillo.

Castillo no ha dicho nada nuevo sobre la política exterior peruana en la Asamblea General de la ONU. Su discurso toma los pequeños puntos relacionados con la izquierda de toda la tradición de torretaglina. Es un resumen de nuestras posiciones que se podrían asemejar más al izquierdismo internacional. No es un giro en la política exterior. El acuerdo de Escazú, por ejemplo, es un pedido de la izquierda internacional. Desde el día 1 de gobierno era esperable que lo apoyara. A su vez, es desmedido el apoyo a la República Saharaui, tema que le costó un canciller. Esto demuestra falta de seriedad en su proceso de toma de decisiones.

Castillo no deja bien parado al Perú. Se muestra internacionalmente como un izquierdista improvisado que prioriza pequeñas agendas de izquierda, antes que las grandes agendas globales, pero tampoco ha destruido nuestra imagen a nivel internacional. De hecho, lo único realmente nuevo de su exposición fue el uso de corbata. Le tiene más respeto al foro multilateral que a la representación nacional. La pregunta de fondo es, ¿para esto el Congreso lo dejó ir?

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