OpiniónViernes, 23 de septiembre de 2022
Candidatos sin estrella, por Eduardo Vega Marisca

Estamos a pocos días de las elecciones municipales en Lima y lo que más sorprende es que a todos los candidatos les queda grande la ciudad. En general, no se ven propuestas tangibles, concretas, que sean viables para resolver los problemas de la ciudad. La campaña está marcada por los escándalos, antecedentes penales y morales, que desmerecen las ofertas de los postulantes.

En este punto de la historia (con la suerte prácticamente echada), me salta a la vista el evidente acomodo político de ciertos sectores de la prensa; la cual trata con guantes de seda a un grupo de candidatos. A la par, es inclemente y maltrata o ningunea a los otros, dentro un supuesto escenario de neutralidad, en donde el candidato Forsyth o “Forzay”, como prefieran nombrarlo, parece el mayor llamado de la simpatía para ocupar el cargo.

En efecto, el ya retirado portero de Alianza Lima, con su look de niño grande, parece haber sido bendecido por la amnesia de la prensa. Entonces, todos los escándalos del “jugador” con su ex esposa, su abandono a la comuna de La Victoria, y el hasta hace poco buen posicionamiento y actuar de su padre en favor del gobierno actual, han quedado en un “conveniente” olvido que no se si confirma las nuevas orientaciones de Somos Perú o el valor del juego de la prensa en la intención de voto.

Haciendo una fantasiosa predicción, tratándose de un “jugador profesional”, lo que podría pasar con el candidato más conectado a la OEA (sin perder la gorra), es que como sus logros o títulos no pasan de un torneo local, lo más probable es que su gestión no tenga nada de memorable. Cuando empiecen los reproches por falta de resultados, como buen caviar encaletado, la jugada será proceder a culpar de sus falencias al gobierno que su padre apoya y, con motivo de ello, volverá a abandonar a sus electores para regresar a la contienda presidencial. Total, si ya sacó los votos de Lima haciendo mutis de sus problemas en la gestión distrital con ayuda de la prensa, seguramente no le faltará apoyo para los efectos presidenciales, en una plancha cinematográfica: ¡con Salvador del Solar de vicepresidente! ¡Dios nos libre!

Volviendo al mundo terrenal, lo que más pena me da es que la elección a alcalde no tenga segunda vuelta o al menos un requerimiento mínimo de aprobación del 40%, para que se confirme la elección bajo apercibimiento de tener que buscar nuevos candidatos, pues el evidente exceso de partidos políticos (hay 12 en la cédula) se transforma en una dispersión innecesaria de los votos que, a la postre, también es un problema para su contabilización. Peor aún, cuando además hay que financiarlos con plata del Estado, porque está mal visto que las empresas puedan realizar intervenciones en pro del desarrollo de los ideales que mejor protegen sus intereses.

Lima es una ciudad con más de 7 millones de habitantes, con grandes problemas de tránsito, delincuencia, ordenamiento urbano, accesibilidad para discapacitados, limpieza, falta de áreas verdes, entre otros, que necesitan ser atendidos de manera rápida, seria y responsable, por personas que realmente puedan verificarse como identificadas con las necesidades de los ciudadanos de a pie; no por personajes caricaturescos, bipolares, o matones; que no pasan de hacer el ridículo durante la temporada de campaña, y ni siquiera saben o entienden de dónde van a financiar proyectos con presupuestos que serán definidos por terceras personas ajenas a sus partidos.

Urresti, que es el favorito de las encuestas, se presenta al estilo de “wachiman pacheco-que no aguanta ni queco” y promete disponer más del 60% del presupuesto a la seguridad ciudadana. Es decir lo demás no importa. Si consideramos que cuando estuvo trabajando para la Municipalidad en Los Olivos, su criterio no sirvió ni para evitar que le roben en directo para la televisión nacional, ¿Por qué podríamos esperar que pueda hacer algo positivo para Lima Metropolitana?

Lo más triste es que hoy en día ni siquiera tenemos a un partido político ni mucho menos un candidato que se destaque positivamente sobre el resto y/o que haya presentado un plan que determine la línea base a seguir en los años siguientes.

Si ya tenemos un profesor inútil gobernando al país, los votantes de Lima tenemos el deber moral de dar el ejemplo y elegir una persona que al menos muestre liderazgo y capacidad para entender los problemas de su sociedad, con capacidad de dar soluciones a la altura de sus necesidades. Si no logramos elegir a un candidato que se acerque mínimamente a ello, que Dios se apiade Lima y sus electores.

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