OpiniónViernes, 23 de septiembre de 2022
¿Volveremos a la vieja normalidad?, por Christian Hopkins

El día de ayer, el ministro de Salud anunció el fin de la obligatoriedad del uso de mascarillas en (casi todos) los espacios cerrados. Aunque aún no sabemos cuándo entrará en efecto esta medida, la consideramos un importante progreso en el camino de regreso a la única y verdadera normalidad, es decir, "la vieja normalidad".

La normalidad que nunca fue

Cuando empezó la pandemia, ciudadanos de casi todos los países del mundo aceptamos una serie de medidas que en otras circunstancias jamás hubiéramos permitido. Entre el pánico, la incertidumbre y el horror que el avance de los contagios, el colapso de los sistemas sanitarios y las muertes por COVID-19 iban dejando en distintos países del mundo. Perú no fue la excepción.

Así, en este país no solo aceptamos, sino que incluso, muchísimos aplaudieron que se instale una de las cuarentenas más estrictas y largas del mundo, que se haga obligatorio el uso obligatorio de mascarillas en todo tipo de espacios, sean abiertos o cerrados; que se restrinja el tránsito entre provincias y, en algún momento, entre distritos del país; y que se promueva el uso intensivo de alcohol en gel como protocolo para la atención al público. Los medios masivos denominaron esto “la nueva normalidad”.

La cuestión de las vacunas

Con la llegada de las vacunas aceptamos la obligación de presentar un certificado de vacunación para comprar bienes y acceder a servicios básicos. Por su naturaleza, la información médica de cualquier persona debe ser tratada con la más estricta confidencialidad y nadie debería ser obligada a revelarla, mucho menos a un extraño. Dentro del horror que marcó al país con la tasa más alta de muertos por millón de habitante, aceptamos que nos restrinjan este derecho fundamental. También aceptamos que se trate como no vacunados a quienes, teniendo un esquema completo de vacunación, no se pusieron una tercera dosis. Asimismo, se restringió el derecho a votar en las elecciones primarias de mayo a muchos ciudadanos por este último motivo.

Desde esta tribuna, consideramos necesario que se levanten inmediatamente todas las restricciones y obligaciones relacionadas con el COVID-19. Con casi el 90% de la población vacunada, el virus ya no es la misma amenazante y desconcertante entidad que cambió nuestras vidas en 2020.

Los números hablan por si solos y, en un estado democrático de derecho, cualquier restricción a nuestros derechos fundamentales y a nuestra libertad, debe estar estrictamente justificada y ser absolutamente necesaria. En ese sentido, la “vieja normalidad” es realmente volver a la democracia plena y al ejercicio irrestricto de nuestra ciudadanía.

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